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Curro Díaz  
  entrevista de Pla Ventura [ 19/12/2016 ]  
CURRO DÍAZ, POR FIN, TOCÓ LA GLORIA CON SUS MANOS

Desde que tuvimos la dicha de verle confirmar su alternativa en Madrid, aquel ya lejano 31 de agosto de 2003 de mano de Frascuelo, desde aquel instante apostamos por Curro Díaz. No hubo triunfo de escándalo, pero sí atisbos de una torería inenarrable que, frente a los toros del Cura de Valverde, Curro Díaz mostró una dimensión difícil de explicar.

Parece que fue ayer pero el próximo año se cumplirán veinte años de alternativa del diestro de Linares que, dicho sea como anécdota, diría que resultó ser la alternativa más humilde del universo, aunque, como fuere, como atisbamos aquel día de su confirmación en Las Ventas, en la persona de Curro Díaz anidaba un torero irrepetible, algo que los años nos han dado la razón. Era difícil la apuesta que hicimos, para muchos, nuestra ilusión rayaba en la locura, pero nada importó. El final, el tiempo, ese juez inalterable nos ha dado la razón.


El semblante ilusionado de Curro Díaz en su primera corrida en Madrid

Este año ha sido la temporada gloriosa de Curro Díaz, las pruebas son más que rotundas. Ya en el pasado ejercicio taurómaco, Díaz apuntó destellos rotundos de su calidad como torero; más que como artista, como héroe preparado para cualquier batalla logrando, entre otros triunfos, cortarle un rabo a un toro de Miura. Como decimos, Curro Díaz estaba en el camino que le conduciría a la gloria terrena, la que este año ha tocado con sus manos.

Una delicadísima lesión casi que le aparta para siempre de los ruedos puesto que, como él confiesa, el percance de Sevilla le sitúa, íntimamente, entre un antes y un después en su carrera. Y le asiste la razón porque, gracias a su fe, a sus deseos por ser torero, se curó de aquella desdichada lesión que, en principio, todo apuntaba para la invalidez.

Los toreros son gentes muy especiales, capaces de soportar toda adversidad. Todos, sin duda alguna, deberíamos tomar nota de sus acciones, de forma concreta, de las llamadas cornadas de despacho; si jugarse la vida tiene mérito, aguantar los envites de los despachos es todavía más sangrante para los diestros. En el caso de Curro Díaz, triunfador total en Madrid, ha estado dos años sin torear en la feria de San Isidro; dos años ausente de Sevilla donde dibujó algunas faenas inolvidables; como digo, injusticias al más alto nivel en las que se necesita un corazón a prueba de bombas para soportar tanta vileza.

Imaginemos, como dato revelador que, este año, sin ir más lejos, Curro Díaz salió en hombros de la plaza de Madrid el domingo de Ramos y, paradojas del destino, no hubo un sitio para él en la feria de San Isidro. ¿Se puede entender semejante dislate? Nadie lo entendimos, pero él seguro que lo entendió porque volvió a Madrid en la feria de otoño para firmar la tarde más épica de la temporada en Las Ventas.

-He leído por ahí, Curro, que según confesaste a primeros de año tenías casi que decidido irte para siempre del mundo que alimentó tu vida e ilusiones. ¿Qué pasó por tu mente para tener semejante pensamiento que, por poco lo haces realidad?

Me atormenté durante el invierno y, por momentos, sentía que lo que hacía no tenía sentido y, lo que es peor, que todo lo logrado no tenía eco entre las empresas, de ahí la desilusión que me abatía.


La más bella expresión del arte en las manos de Curro Díaz

-Pero llegó la oportunidad del domingo de Ramos en Madrid en la que para tu fortuna, arreglaste todo. ¿Sentías que era la última oportunidad?

Sí, sin duda. El horizonte no estaba muy despejado que digamos y, para mis adentros me dije, “ahora o nunca” Ya viste que, Madrid, en aquel día, una vez más, me llenó de convicciones, triunfé por lo grande y, a partir de ahí me ilusioné de nuevo.

-Y te ilusionaste tanto que, según mi punto de vista, ni siquiera administraste aquel éxito puesto que, pocos días después te anunciaste en Vic Fezensac con una corrida de Baltasar Ibán, un encaste del que huyen la mayoría de los toreros; es decir, otra vez asumiendo un riesgo altísimo. Lo tuyo es una puesta permanente, ¿verdad?

Como dices, yo sabía el riesgo que asumía pero, traía una moral de hierro desde Madrid que, tenía el convencimiento de que podía con todo y, así sucedió.


El pase natural tiene sentimientos de su propio artífice

-En Teruel, como todo el mundo sabe, fuiste testigo de la muerte de Víctor Barrio y, tres minutos más tarde, sin tú darte cuenta, hasta que se suspendió el festejo, bordaste el toreo soñado. ¿De dónde sacaste fuerzas para ello?

Ni yo mismo te lo sabría responder. Pero eso es la grandeza de esta profesión en la que, un hombre, era mi caso, roto por el dolor de la muerte del compañero, me cupo el honor de hacer una faena excelsa que, repito, hasta me cuesta creerlo que tuviera fuerzas para ello. En esta profesión, como se sabe, debemos de entender que la vida no vale nada, Víctor Barrio es el ejemplo, pero es algo que nos puede pasar a todos.

-Como sabes, Curro, tras la muerte del compañero hubo gentes que se alegraron de ello. ¿Se puede comprender dicha actitud por parte de esas gentes abominables?

Es increíble que haya gentes de esa estirpe. Quedé estupefacto ante las afirmaciones que pude leer al respecto. Como tú dices, son gentes abominables, personas normales no pueden ser jamás. Mal camino llevamos y en el camino vamos dejando los valores más bellos que siempre enaltecieron al ser humano como tal, el respeto y la comprensión de unos para con los otros.

-Tengo la sensación, Curro, que durante algunos años te debatiste entre la disyuntiva de matar unos toros determinados y aquello no funcionó. No me hagas caso pero, las llamadas corridas duras no te hacían mucha gracia y, las de las figuras no te las ofrecían. ¿Podríamos decir que te perdiste un poco en aquel mar de indecisiones?


Así se expresa el diestro de Linares frente a sus enemigos

Si lo dices como un eufemismo hasta podría entenderte, pero yo no he estado en condiciones de elegir. Es más como sabes y antes has comentado, imagina qué corrida de me ofrecieron para confirmar en Madrid y, acepté; como lo hice muchas tardes más. Nunca fui de “señorito” en el toreo, acepté siempre lo que me ofrecían pero, como sabes, muchas veces apenas ofrecían nada. He vivido momento durísimos y, hasta he tenido dudas existenciales al respecto de mi carrera, de ahí la duda que me asaltó hasta plantearme la idea de dejar mi carrera.

-Al final, Curro, ha triunfado la verdad puesto que, como se ha demostrado, en este año como en el pasado, has estado a la altura toreando corridas encastadísimas y triunfando por lo grande. Eso ha disipado toda duda, demostrando que el toro, el auténtico, para ti no es ningún problema, en tu caso, digamos que ha sido la solución. ¿Cómo digiere un artista la batalla del toro de verdad?

Mentalización, no cabe otra opción. Si tienes en la mente que el arte puede ser posible frente a cualquier encaste, hasta los toros que pensabas que no te iban a ayudar, al final embisten para que logres el cometido deseado que, en mi caso, no es otro que el éxito.

-O sea que, Curo Díaz, de repente, el artista fue capaz de sacar a relucir el héroe que llevabas dentro.

Héroes lo somos todos por el hecho de enfrentarnos a un toro bravo que, como se sabe, nos jugamos la vida. Dentro de la dureza que supone lidiar un toro bravo, es verdad que existen encastes más bonancibles. Bien es cierto que, la actitud, la disposición, son valores que te permiten sortear las más grandes dificultades y, como me ha sucedido este año, pese a la dureza de las ganaderías lidiadas, incluso hasta indultar algún toro de los llamados hierros legendarios.


La imagen del éxito, Madrid, aclama a su ídolo

-Estamos enjuiciando, Curro Díaz, lo que ha sido tu temporada más trascendental, la más épica. Lo digo en el sentido de que, como decíamos, frente a toros muy fieros, tu arte ha florecido como si de ganaderías comerciales se tratare.

Quedé muy satisfecho de todas mis actuaciones puesto que, he entrado en grandes ferias, he realizado faenas que me han llenado por completo y he sentido emociones que nunca antes había sentido, algo que me ha fortalecido desde mi interior.

-Paradojas del destino, Curro, tras casi veinte años como matador de toros, para muchas plazas sigues siendo un auténtica novedad. ¿Cómo te reciben los públicos en las plazas donde nunca antes habías toreado?

Con mucha expectación, es lo que he podido comprobar. Es más, casi siempre, tras mis actuaciones la gente se ha quedado sorprendida, algo que entiendo y comprendo. Los que no me habían visto jamás, cuando las faenas han sido rotundas como me ha sucedido en muchas plazas, es lógico que haya dejado un calado importante entre los aficionados, algo que me llena de orgullo.

-Y así, saboreando el éxito tarde tras tarde, llegas a Madrid para la feria de Otoño, sin duda, el premio que te debía la empresa. Ante todo, antes de que sucediera lo que allí pasó ¿estabas ilusionado ante dicho compromiso?

Muchísimo. Era el regreso a Madrid tras la temporada más importante en mi carrera, por tanto, volver a la plaza de mis éxitos en plena feria otoñal, entendía que era el gran premio que me debía la temporada.

-Claro que, ilusión la teníamos todos. Lo que nadie sospechábamos era que sucediera todo lo que allí pasó, de forma muy concreta en tu persona que, de la estética a la épica, pasaste en breves momentos. Todos dijimos que la corrida del Puerto salió más mala que las peores personas que puedan existir y, de alguna manera, en tu caso, hasta tengo la sensación, por lo que han sido declaraciones tuyas, hasta ponderaste el juego de dichos toros. ¿Cómo se pueden ponderar unos toros que, por poco te pudieron haber matado?

Es verdad que, la corrida, en su conjunto, sirvió más para el drama que para la emotividad del arte, pero me sobrepuse a toda adversidad y, sin duda, firmé la tarde más épica de mi vida en Madrid; nadie se aburrió, me sobrepuse a las adversidades de las cogidas y, roto como estaba, todavía me quedaron fuerzas para dibujar algunos muletazos de los que sueño todos los días. Piensa que, en corridas como la citada, cuando los toreros, como fue nuestro caso, nos sobreponemos a todo, lo que queda es la emoción al más alto nivel, el recuerdo de una tarde que tuvo de todo, desde el drama, hasta la creatividad más bella. Es una tarde que no olvidaré jamás, por muchas razones, pero por encima de todo, olvidando el drama de lo que supuso saberme a merced del toro, la satisfacción de haber toreado en algunos pasajes como siempre he soñado.


Y tras inundar Madrid con su arte, sale por la puerta grande

-¿Qué se siente, Curro, cuando veinte mil gentes aclaman a uno solo?

Esa es la grandeza de sentirse uno torero que, cuando entregas lo mejor que tienes, la gente responde para aclamarte como me sucedió en dicho día, por otra parte inolvidable para mí. Aquellos vítores son los que me dan fuerzas para seguir, para llenarme de convicciones de que estoy en el camino adecuado.

-Como luego se demostró, llevabas una cornada envainada que, para tu desilusión, hasta tuviste que cortar la temporada sin poder rematar las actuaciones que tenías pendientes. ¿Frustración, acaso?

Tras todo lo que sucedió en Madrid en dicha corrida, uno lo da todo por bien empleado; duele tener que perder varias corridas que me quedaban, pero no me encontraba en condiciones tras la intervención a la que fui sometido.

-En la corrida de Madrid, Curro, la pena que sentimos todos es que no remataras con la espada aquella tarde memorable y épica. Lo digo porque, la puerta grande, como sabes, ya estaba descerrajada.

Maltrecho como estaba apenas me quedaban fuerzas para nada; y no me quiero justificar puesto que, como dices, de haber matado bien, el éxito hubiera sido de época. No fue posible pero, deja que te diga que no me pesó; es decir, con lo que hice me sentí tan contento que, aun sin salir por la puerta grande, los aficionados, en sus corazones, así me llevaron, en volandas de sus ilusiones.

-Muchas gracias, maestro. Conversar contigo siempre es un placer indescifrable. En mi caso, amigo, no todos los días uno conversa con un artista, de ahí la dicha que estoy sintiendo. Que Dios te siga bendiciendo.

Fotos de Muriel Feiner

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