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Juan José Padilla  
  entrevista de Pla Ventura [ 03/01/2017 ]  
JUAN JOSÉ PADILLA: Cuando la superación tiene premio
Qué lejos quedaba del pensamiento de Juan José Padilla aquella tarde del 18 de junio de 1994 en que, el diestro se convertía en matador de toros; digo lejos porque, ni por asomo, aquel chaval ilusionado sabía lo que el destino le tenía reservado. Si sabía que se doctoraba con un cartel humilde y, como no podía ser de otro modo, con toros de Miura. Allí empezaba la trayectoria de un hombre gallardo, abnegado, entregado y dispuesto para afrontar las batallas más duras.

Padilla suele repetirnos que luchemos por nuestros sueños que al final se cumplen y, él es un ejemplo, yo diría que el ejemplo más significativo que hemos conocido. Juan José Padilla estuvo durante diecisiete largos años batallando entre el fuego y la sangre que provocaban aquellas ganaderías durísimas que solía lidiar; como él diría, era su sino. Pero podían más sus sueños que sus realidades.

En aquellos más de tres lustros aludidos, Padilla lidió todas las ganaderías más duras del mundo; sufrió cornadas, algunas tan graves como la de Pamplona en la que le dieron la extremaunción. Es decir, si alguien sabía de la dureza de la profesión no era otro que Juan José Padilla. En el devenir de los años y, entre tanta épica como adornaba su carrera, su vida toda, llegó la feria de Zaragoza de 2011 en la que el diestro superó la prueba más grande que un torero pudiera superar. Sufrió la gravísima cornada que le costó un ojo y, como otras veces, poco faltó para que le costara la vida.

En aquellos momentos, por las connotaciones de su cogida, todos creíamos que habíamos perdido al torero gladiador que, una tarde sí y otra mucho más, despreciaba a la vida con la lidia de aquellos toros impresionantes que venía lidiando; él y los compañeros que con dicho artista compartían cartel. Aquella tarde zaragozana se vistió de incertidumbre puesto que, como decíamos, basándonos en casos similares, entendíamos que se había salvado al hombre, pero que había muerto el torero. Sin embargo, desde aquel momento de la horrible cornada, Padilla se puso como reto demostrarnos que lo imposible puede ser posible a poco que te lo propongas. A poco o mucho, nada importa. Lo que si importó es el afán de superación del torero que nos dejó a todos asombrados. Todo un invierno de operaciones, de sacrificios, de ejercicios de logopedia; todo con la finalidad de poder hablar puesto que, la horrible cornada, había lacerado hasta sus cuerdas vocales.

Cuando todo parecía acabado, alabado sea Dios, empezaba para Padilla la gloria que el toreo le tenía reservada. Ni él podía imaginarlo; eran pocas las opciones que todos albergábamos, pero la lección que el maestro nos dio hizo creer que los milagros pueden ser posibles; y si no queremos llegar tan alto, sí podremos afirmar que los sueños se cumplen; Padilla lo soñó y más tarde se hizo realidad.


Padilla sigue haciendo paseíllos por los ruedos del mundo

-Dijo usted, maestro, en cierta ocasión, que no le hubiera importado haber perdido el ojo antes de haber sabido la gloria que le tenía reservada el toreo. ¿Puede eso ser posible?

Pese a todo el sacrificio que he tenido que pasar, como eso, tras la cornada nadie me lo podía evitar, es por ello que afirmé lo que dije; si ha pasado, podía haber sucedido muchos años antes, imagina la gloria que he acumulado desde aquella desgraciada cogida que, para mi suerte, me ha aupado a lo más alto.

-Con la mano en el corazón, Juan José Padilla, tras el diagnóstico de los médicos tras aquella macabra cogida, ¿pensaba usted que podría volver a torear?

Fueron momentos, días, meses aciagos en que todo se oscurecía por completo; pero por el contrario, mi fe iba acrecentándose cada día un poco más, por eso luché por conseguir lo que muchos creían como un imposible, de ahí que, desde aquel momento acuñara yo la frase de que hay que luchar por los sueños que, al final se cumplen.

-Casos similares al suyo, Juan José, Lucio Sandín y quizás otros, tras la pérdida de un ojo tuvieron que resignarse y dejar su profesión. Usted, por el contrario, nos quitó la razón a todos y triunfó de forma espectacular; y digo que triunfó el hombre para conseguir todo lo que vendría después. Su mérito es único en el mundo. ¿Cómo lo logró?

A base de mucha fe; unas convicciones tan arraigadas que vivían dentro de mi ser las que me permitieron lograr lo que era mi sueño; no es fácil el camino, es más, no se lo deseo a nadie, pero me siento orgulloso de haber transitado por ese desierto horrible para llegar hasta el estrado de respeto y admiración del que gozo.


Entregándose, como en este lance, de nuevo en Zaragoza

-Su labor ha sido importantísima; pero no olvidemos que, tras su reaparición en Olivenza al año siguiente, es decir, 2012, como si de un milagro se tratare, de repente se convirtió usted en el capricho de los empresarios; es decir, todo lo que durante tantos años le negaron, a partir de aquel momento se lo ofrecían en bandeja de plata. ¿Cómo se produce semejante metamorfosis?

De ahí viene aquella afirmación que en su día hice al respecto del ojo que perdiera porque, esfuerzo mío al margen, desde aquel momento empecé a sentir un respeto desmesurado por parte de las empresas, algo que antes apenas había tenido.

-Un respeto que, quizás vendría dado por algo ¿no le parece?

Por supuesto. En el mundo de los toros no se le regala nada a nadie, todo te lo tienes que ganar tú; al parecer, como así se demostró, mi actitud conmovió a todo el mundo empresarial, razón del respeto del que antes hablábamos. Pero sí, no me duele reconocer todo lo que he logrado que, antes de la cogida ni me atrevía a soñarlo.

-O sea que, la invitación que usted nos hace sobre los sueños merece la pena ¿verdad?

Todos tenemos el derecho, yo diría que el deber de soñar; pero soñar para creer que al despertar habremos logrado aquello que anhelábamos. Al final, como tantas veces dije, el esfuerzo tiene su recompensa y no hay triunfo sin sacrificio.


En Madrid, poniendo un par de banderillas del que salió volteado

-En un momento dado, maestro, tras su cogida de Zaragoza, como decíamos, hasta llegamos a pensar que habíamos perdido a un gran torero como es usted y, la realidad nos ha dicho todo lo contrario puesto que, pese al plantel de figuras del toreo que tenemos en la actualidad, usted, en los últimos cinco años ha sido, sigue siendo, una de las grandes figuras de la actualidad, hasta el punto de liderar el escalafón en dos años consecutivos y permanecer en lo más alto durante estos años. Díganos el secreto.

Creo que son varios los factores que han propiciado que yo esté en lo más alto. Tras la pérdida del ojo y lucir el parche de “pirata” como cariñosamente me llaman muchos, adivino que el aficionado quería comprobar si de verdad yo era capaz o todo podía quedarse en la tarde cariñosa de Olivenza. No es menos cierto que, dada mi antigüedad como matador de alternativa, podía encabezar muchísimos carteles, como ocurre a diario, algo que siempre viene bien a los empresarios y, ante todo, por mi actitud, por mi entrega, por mi disposición total en aquello de no dejar nada por hacer y seguir jugándome la vida como el primer día.

-Estamos hablando de un antes y un después de su cogida zaragozana. En su caso, maestro, todo cambió en su vida, pero para bien, la prueba no es otra que las ganaderías que usted viene lidiando, algo que antes ni se atrevía a soñarlo. Digamos que está usted más cómodo en el escalafón, algo que nos alegramos todos.

Eso es cierto. He sentido un respeto importante por parte de los empresarios, algo que agradezco muchísimo, pero mis señas de identidad no las he dejado jamás; digamos que mi entrega sigue siendo tan apasionada como antaño; relajo no tengo ni el más mínimo porque, como se sabe, dormirte en esta profesión es como firmar el pasaporte para alejarte el circuito de las ferias.

-Dice usted que el sufrimiento es parte de la gloria. ¿Quiere eso decir que no se puede alcanzar la gloria artística sin ese sufrimiento tan horrible por el que usted ha pasado?

Cada torero, cada hombre es un caso distinto al de los demás; aquí no hay estereotipo; todos somos distintos y únicos en nuestra especie. Lo que dije, por supuesto, lo afirmaba tras todo lo que yo he vivido. Cada cual contará su experiencia que, para cada caso, seguro que es válida, pero la mía es la que cuento y la que no me cansaré jamás de contarla. El sufrimiento ha sido el camino que me ha llevado a la gloria.


Por estatuarios

-Tras analizar su carrera, maestro, lo que sí puedo asegurarle es que usted ha logrado lo que llamamos un respeto consensuado en todas las plazas del mundo. Es decir, no sé si recordamos que haya tenido usted una bronca sonora en los últimos cinco años y hasta me atrevo a decirle que tampoco antes. La regularidad y la entrega apasionada suya, ¿es ese el camino que le ha llevado hacia el respeto que ahora goza?

Pese a todo lo que he vivido y penado, sigo siendo consciente de que tengo que jugarme la vida como nadie; a otros les podrán consentir más cosas; a mí se me consienten pocas, de ahí que todo tengo que suplirlo con esa entrega apasionada en la que no puedo permitirme, como antes decíamos, el menor desliz.

-Pasan los años y, sin darse cuenta o quizás con toda la intención del mundo, usted va logrando metas que creía imposibles. Por ejemplo, el pasado año, tras tantos triunfos, hasta consiguió usted el sueño de todos los toreros, -otra vez el mundo de los sueños- abrir la puerta del Príncipe de Sevilla. ¿Qué sintió aquel día para usted inolvidable?

Aquel día resultó todo muy complejo. Estaba lloviendo a mares mientras me vestía de torero, lo cual me hacía presagiar que iría a la plaza para firmar el acta de suspensión y regresar al hotel. Esto es lo que estaba sucediendo aquel día, pero en el fondo de mi ser yo tenía el pálpito de que algo grande iba a suceder y, ya viste, no me equivoqué. Se dio la corrida que, para mí, como hemos dicho, resultó triunfal, apoteósica, inolvidable. Otro sueño cumplido y, lo que es mejor, lo que albergo en el fondo de mi corazón para cumplir los sueños que me quedan.


-¿Todavía le quedan más?

La carrera de un torero tiene que ser un constante peregrinar de sueños puesto que, el día que éstos se me acaben, querrá decir que he dado por finiquitada mi carrera y, todavía me quedan ilusiones, por tanto, sueños que cumplir.



Es inconfundible el espíritu del Ciclón de Jerez

-No podemos olvidarnos de Campo Pequeño, maestro. Dos tardes el pasado año en el coso lisboeta con dos triunfos de apoteosis. No hay plaza que se le resista. ¿Verdad?

Dices bien, hasta el punto de que este año inauguro la temporada en Lisboa, algo que me hace muy feliz. Allí, en país lusitano me comprendieron, me entendieron y me abocaron al éxito. No puedo pedir más. Fueron dos tardes importantísimas que, como se ha demostrado me valieron para inaugurar este año la temporada lisboeta.

-Usted fue uno de los actores que participó en Valladolid en la corrida homenaje a Víctor Barrio. ¿Sintió algo especial en aquella tarde?

Sentía que le debíamos ese tributo a Víctor Barrio que entregó su alma a Dios en el ejercicio de su profesión lo que nos puede pasar a cualquiera, por eso esta profesión es tan grande, porque se muere de verdad; Barrio lo constató y en mi persona, como se sabe, estuve varias veces al borde de la muerte.


-Digamos que, usted, en el toreo, prácticamente lo ha logrado todo; desde salvar su vida varias veces hasta tener esa posición económica que resguarda su familia, yo diría que para siempre, todo ello al margen del reconocimiento de los aficionados, triunfos conseguidos y casi todas las metas hechas realidad. ¿Ha pensado alguna vez en poner punto final a su carrera?

Nunca. Es más, si no lo hice tras aquella aciaga tarde de Zaragoza, en la actualidad, no ha pasado por mi mente aquello de la retirada. Fíjate que, pese a mi edad, 43 años, creo que todavía me quedan muchas cosas por hacer y, lo que es mejor, por decir dentro de los ruedos.



Como él nos dice, el jerezano seguirá llegando a los patios de cuadrillas

-Muchas gracias, Juan José Padilla, que siga con esa estela de triunfos en este año que terminamos de estrenar y, quiera Dios que si le quedan más sueños, que éstos se cumplan para dicha suya y para admiración de todos los aficionados.

Fotos: Muriel Feiner

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