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Alberto Álvarez  
  entrevista de Pla Ventura [ 25/03/2017 ]  
ALBERTO ÁLVAREZ: Con la ilusión intacta
Tras tantísimos años conversando con los personajes de la fiesta, todavía, a estas alturas, me sigo emocionando con los chavales de ahora, yo diría con los de siempre. Con toda seguridad que en ninguna profesión en el mundo cabe tanto amor por la misma, tanta capacidad de sacrificio y tanto anhelo por conseguir lo soñado. Todo ello es patrimonio de la fiesta de los toros de la que Alberto Álvarez es el icono de cuanto digo. Como sabemos, el diestro de Ejea de los Caballeros, allá por tierras mañas, lleva casi tres lustros como matador de toros y, en vez de aburrirse como sería lo lógico y cabal, todavía nos regala fuerzas y aporta ilusiones a su carrera y, sin duda, para la propia fiesta.

Sin duda que, Alberto Álvarez es un estigma más que engrandecen la fiesta de los toros; un hombre apasionado por la vida, por su obra, por su carrera, en definitiva, por todo lo que tenga que ver con su profesión. Fijémonos si es grande la carrera de un torero, es decir, la fe que un hombre pueda atesorar que, por ejemplo, en el caso de Alberto Álvarez, matador de toros por la gracia de Dios, tras quince años como doctor en tauromaquia, el día de su alternativa pudo ver a Morante como testigo de la alternativa que le diera Víctor Puerto en su pueblo natal y, tantos años después, no se ha vuelto a encontrar con Morante. El dato podría resultar desesperante, pero no; nada de eso. Alberto Álvarez entiende su profesión como una lucha titánica de la que no hay que desfallecer jamás, razón por la que vive y siente en torero las veinticuatro horas del día.


Alberto Álvarez, como buen maño, es... paciente y constante

-Usted ha dicho muchas veces una frase de una nobleza extraordinaria, pero que contiene un vacío tremendo. “Vivo para torear” dijo usted, es decir, lo ha repetido muchas veces. Deje que le pregunte, ¿dónde torea? Y no lo digo en tono peyorativo, más bien todo lo contrario puesto que dada la calidad de su toreo, usted debería de estar en muchos carteles.

Vivo para torear todo lo que toreo, sería quizás el anexo que pudiera faltarle a la frase; pero sí, la gran verdad es que todos mis esfuerzos tienen como meta poder vestirme de torero.

-Por ejemplo, ¿cuántas actuaciones sumó el año pasado?

Parecerá un cifra ridícula, pero tal y como está montado el toreo aquello de sumar diez corridas de toros es un número importante para mi ser. Fíjate que yo que soy un hombre de grandes análisis y que de verdad aspiro a lo máximo, de momento me conformo con tener mi zona, mi provincia y alguna que otra plaza donde puedan contratarme que, dicho sea de paso triunfé en todas las actuaciones que tuve el pasado año.

-Hace usted buena la frase aquella que nos dice que el que no se consuela es porque no quiere…

No queda más opción que mirar hacia atrás; somos muchos y en mi caso, aquello de que suene mi nombre aunque sea en contadas ocasiones y en mi zona ya es todo un éxito. Tiempos mejores vendrán.

-Y lo dice usted convencido.

De no ser así ya hace tiempo que hubiera abandonado. Esta profesión es durísima, se entrena uno a diario como si se tuvieran firmadas cuarenta corridas de toros, por tanto, la dedicación es tremenda. Por esas convicciones de las que te hablo es por ello que hago todos los esfuerzos habidos y por haber.


La imagen de la alternativa, desde entonces sigue su ilusión y su lucha

-Hace casi tres lustros que usted se doctoró como matador de toros y, barrunto que los tiempos han cambiado mucho. Me explico. El año antes de tomar usted la alternativa, como novillero cortó una oreja en Madrid  y firmó casi cuarenta novilladas. Pero tras su alternativa, la que confirmó en Las Ventas un año después de su doctorado con una corrida de Tulio e Isaías Vázquez, aquello no valió y quedó usted relegado al lugar que ahora ocupa. ¿Por qué no ha vuelto usted a Madrid después de tantos años transcurridos?

Es cierto que, como dices, el esfuerzo que hice aquella tarde todavía lo tengo retenido en mi memoria; pero resultó una labor vana, la corrida no sirvió para nada y nos estrellamos contra aquel muro horrible. Han vuelto muchos a Madrid y, con toda seguridad, algunos quizás con menos bagaje que el mío. Como ves, tuve poca suerte en ese sentido, pero no pierdo las esperanzas. El señor Simón Casas me conoce por aquello de haberme contratado para Zaragoza y sabe de mi capacidad como torero, por ello me siento ilusionado para que, en el transcurso de este año poder volver a Madrid y demostrar todo lo que llevo dentro.

-¿Usted está convencido de que es un buen torero?

Yo me tengo por un buen profesional que intenta hacer su trabajo por los senderos del arte. Sí, me considero un torero capacitado para mi profesión, de lo contrario hubiera abandonado. Yo no quiero engañar a nadie y mucho menos engañarme a mí mismo, sería como tocar las puertas de la locura.

-¿Sabía usted que Morante sigue en activo? Parecerá una locura lo que he dicho pero, tanto él como usted, ambos toreros y usted no se lo ha vuelto a encontrar desde el día que usted se doctoró, como antes comentábamos. ¿Suena eso a injusticia?

Es complicado. Ellos, las llamadas figuras están un eslabón mucho más alto que nosotros y, como dices, encontrarnos no resulta sencillo. Pero mira una cosa, ahora que lo dices creo que nos encontramos en un pueblo de Zaragoza, es decir, compartí cartel con él, un milagro si se quiere, pero así ocurrió.

-Dígame una cosa, ¿se ha puesto usted un plazo para seguir con ese calvario con el que transita?

No hay plazo, pero si te digo que me iré el día que se me acaben las ilusiones. Mientras mi corazón responda y que cada día me levante con ánimos renovados con la esperanza de un mañana mejor, seguiré entrenando y viviendo como torero, lo que en realidad me considero.


Alberto interpreta la verónica

-Dicho con todo el respeto del mundo, no vive usted en la mejor zona ganadera como para poder entrenar y verle la cara al toro en su preparación para futuras actuaciones.

Eso es cierto, pero no es menos verdad que, como antes decíamos, tengo mi zona en la que se me respeta y que gracias a ella pude torear diez corridas de toros, incluyendo la de Zaragoza. No todos los compañeros pueden decir lo mismo.

-Dice usted bien, eso de tener un pueblo, una zona que le respalde es importantísimo.

Lo que más. Que me lo digan a mí que tan respaldado me siento. El pueblo de uno, en nuestra profesión es siempre un acicate; primero porque uno puede tener la oportunidad de, en el peor de los casos, ser contratado por los paisanos y, acto seguido, como me sucede a mí, por saberme respetado, amado y admirado por muchas personas que me tratan de forma maravillosa. Para todos, mi gratitud más sincera.

-En su día, Alberto, pude ver por TV los “artilugios” que usted se ha construido para entrenar y quedé boquiabierto. Entre ellos, ese carretón que parece un toro de verdad, incluso accionado por unos mandos para que gire la cabeza del carretón, en este caso, la auténtica cabeza de un toro como es su carretón. Ese toro mecánico con el que entrena usted a diario; un toro que parece de verdad porque, incluso gira en derredor de su cuerpo y, de no ser porque vemos las poleas que le hacen girar y moverse, cualquiera podría pensar que torea usted un toro de verdad. Tras todo lo visto, perdóneme en lo que voy a decirle, ¿no será que nos estamos perdiendo un auténtico ingeniero por aquello de que viva un torero ilusionado?

Todo el mundo le ha dado mucha importancia a mis “trebejos” toreros para los entrenamientos pero, deja que te diga que todo ha sido producto de mi ingenio; yo quería tener “instrumentos” que se parecieran mucho al toro de verdad, incluso muchas veces acudí a algún herrero con la idea en la cabeza y nadie me entendió; es cierto que era difícil comprenderme. Lo que yo pedía no era nada usual, por tanto, hacerme comprender era mucho más difícil que conversar con un mudo. Tiré de ingenio como te digo y construí el toro para entrenar como si fuera de verdad, así como el carretón que, como tú apuntabas, tiene más de toro que de carretón.

-Tras ver todo lo que usted ha construido, amigo, no nos engañe, usted debe ser ingeniero, aunque no ejerza. Esos aparatos que usted ha logrado no son propios de un torero, con todos mis respetos para los toreros; y lo digo en el sentido de que, los toreros, como usted sabe, todos confiesan que no saben hacer otra cosa que torear. ¿De dónde le viene a usted el ingenio?

No hay nada que enseñe más que el hambre, dice uno de nuestros aforismos mayores, y es cierto. Yo tenía esa obsesión por hacer unos artilugios que se parecieran muchísimo al toro bravo, me puse a la idea y, con paciencia franciscana, con enorme dedicación, con incontables horas de trabajo pude lograr mi objetivo. Como quiera que no conté las horas ni el material que he comprado, ahora soy feliz con los logros obtenidos.


Aquí le vemos entrenando con el toro mecánico creado por él

-Y por supuesto su inteligencia natural…

No creas. Antes de empezar todo esto yo no sabía lo que era un tornillo, te lo juro. Pero como todo en la vida, pudo más mi esfuerzo, mi ilusión, tan grande como la que tengo para ser torero que, al final, logré mí objetivo. Querer es poder y yo quise. Ahí están las pruebas.

-¿Ha pensado usted en patentar sus originales aparatos?

No, porque no son piezas para el mercado; son logros míos que nos los tengo que comercializar; es más, si algún compañero quisiera construírselos como lo hice yo, hasta les daría la idea. Pero es algo tan personal y único que, no creo que tenga imitadores.

-Y ya, en lo que considero el colmo de la originalidad y del trabajo, no es otra cosa que la plaza de tientas que se ha construido usted en su pueblo; una plaza que, vista a ras de burladero, es la copia exacta de las Ventas de Madrid. O sea que, homenajea usted a Las Ventas, la plaza que le ha negado volver tras tantos años de alternativa.

No, por favor, Las Ventas no me ha negado nada, si acaso, los hombres que la han regido. Es cierto que, dicha plaza, como monumento es única en el mundo, razón para la que de forma humilde yo “copiara” como homenaje a la primera plaza del mundo.


-Usted ha construido los artilugios para entrenar, un modelo de originalidad y, no contento con todo ello, con sus manos construyó esa plaza de tientas. ¡Y sigue sosteniendo usted que no sabe de ingeniería!

Dicen que la paciencia es una gran virtud, un valor que yo he esgrimido para deleite de mi propio ser; es decir, sin prisas, sin pausas, pero con una vocación desmedida construí la plaza como los otros inventos que antes hemos comentado.


Esto es lo que mejor fabrica: el natural

-Tras ver todo lo que usted ha hecho permítame que le diga que, como torero, no sé si llegará a lo más alto, de Dios estará, pero si me sobran argumentos para certificar que usted no se muere de hambre. ¿Tengo razón?

Hombre, capacidad de trabajo la he demostrado, ingenio he puesto el que tenía y el que me imaginaba. Creo que estoy preparado para cualquier eventualidad, pero no olvidemos, digamos que debemos de matizarlo, que donde quiero triunfar en como torero, esa es mi lucha  y, quizás, gracias a la misma ha llegado todo lo demás.

-Tras todo lo que estamos viviendo al respecto de esas corrientes antitaurinas que quieren que desaparezca la fiesta de los toros, una vez que eso haya ocurrido, fíjese, estoy pensando que su toro mecánico será la solución para que podamos seguir disfrutando del arte una vez abolidas las corridas de toros. ¿Qué piensa usted al respecto?

Tampoco dramaticemos. Se trata de unos grupos minúsculos que saben hacer mucho ruido porque creen que han ganado la batalla; que tampoco la han ganado, la han perdido más bien aquellos que no han sabido defenderse y ejercer la autoridad que les compite. Ten en cuenta que, ganaron alguna que otra batallita como decíamos, pero la guerra es nuestra, nosotros como aficionados y profesionales seremos los ganadores. Una fiesta con algunos siglos de historia no puede desaparecer por el capricho de unos anormales, enfermos a todas luces. La fiesta de los toros es mucho más que el capricho de cuatro miserables que la quieren exterminar.

-¿Qué otros proyectos tiene en la mente en breve plazo?

El primero y fundamental por el que estoy luchando tiene que ver con mi vida artística que es lo que mueve el timón de mi existencia, poder volver a torear en Madrid, esa es la primera meta. Y, desde luego, seguir entrenando para poder cumplir con éxito los compromisos que me vayan llegando, como por ejemplo ese festejo que tengo firmado en Zaragoza para el próximo 22 de abril en una corrida concurso de ganaderías que, como entenderás, me tiene muy ilusionado.

-Como usted sabe, algunos de sus compañeros en idéntica situación a la suya, cansados, aburridos y hastiados han decidido hacerse banderilleros. ¿No podría ser esa una salida para su ostracismo, el que le provocan quiénes no le contratan?

No, para nada. Mientras me queden fuerzas aquí estaré. Han pasado casi veinte años desde que empecé en mi profesión, siendo así, otros veinte años más seguro que los resisto.


No es cuestión de un desdén, es cuestión de un torero muy aprovechable

-Y para colmo, como se decía antaño, usted, hasta en la calle tiene andares de torero; es decir, desde lejos se adivina por allí viene un torero.

Ese es el piropo más bello que pudieras decirme porque, en realidad, como se comprueba, vivo en torero y para el toreo.

-Que tenga usted mucha suerte, la merece mejor que nadie; por su torería, por su ingenio, por su capacidad creativa en todos los órdenes; por miles de razones la vida debe de premiarle. Que así sea y que podamos ver sus triunfos por todas las plazas del mundo.

Mi abrazo para vosotros y todos vuestros lectores que me consta que son legión por todo el mundo.

Fotos: Cedidas por el torero

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