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Víctor Grimaldos  
  entrevista de Pla Ventura [ 24/12/2017 ]  
El recortador VÍCTOR GRIMALDOS VIVE PORQUE DIOS ASÍ LO DISPUSO
Todo empezó el pasado año, hace ahora justo un año, en que, Víctor Grimaldos, junto a su grupo de recortadores fue contratado para actuar en México. El proyecto, como tal, era muy ilusionante. Un chaval de Elda como es su caso, viajar al país azteca para poder demostrar ante aquella afición sus habilidades frente a un toro, a cualquiera le hubiera ilusionado.

Como explico, el 20 de diciembre del pasado año llegaba Víctor Grimaldos a Guadalajara, Jalisco. La primera actuación que tenía contratada era en Espita, Yucatán, en el estado de Mérida, justamente el día de Navidad. Lo que no sospechaba Víctor era lo que le esperaba en dicha tarde puesto que, en el primer toro, precisamente cuando hacía el llamado salto del ángel, el toro le corneó en el aire y cuando los compañeros le recogieron en la arena, en el acto se dieron cuenta de la gravedad de la cornada puesto que, el muchacho tenía la barriga destrozada; el pitón le había arrancado todas las tripas dejándole un boquete horrible.

He dicho muchas veces que, cuántos se dedican como profesión a ser toreros, todos, sin distinción, tienen un atisbo de locura y, en el caso de Grimaldos mucho más porque por mucho que actuara jamás lograría la posible gloria que anhelan todos los toreros; su labor, como suele ocurrir, será siempre en la penumbra; digamos que por mucho que estos hombres se jueguen la vida jamás lograrán el relumbrón que un torero pueda alcanzar.

El dato es revelador; Grimaldos fue contratado para actuar en México para quince actuaciones al irrisorio precio de 150 euros por actuación. ¿Cabe locura mayor? ¡Imposible! Pero como explico, los hombres que sienten la pasión por el toro no escatiman esfuerzo alguno por aquello de enfrentarse al animal más bello del mundo, eso sí, a sabiendas de que se juegan la vida y, en el caso de Grimaldos, por culpa de aquella horrible cornada salió vivo de la misma porque Dios le quiso echar un capote, nunca mejor dicha la expresión.

Para colmo, en México, especialmente en las plazas de los pueblos, lo que se dice asistencia sanitaria es más bien poca; no es nada criticable porque, como sucede en Perú, medios quirúrgicos apenas existen, lo que nos viene a confirmar que, cualquier actuante se juega la vida de verdad. Víctor Grimaldos tuvo la mala suerte de caer herido en Tizimín, un pueblo yucateño en el que, repito, los medios sanitarios eran casi nulos.

Pero este es el gran riesgo que estos hombres asumen; es decir, al igual que sus compañeros, Víctor Grimaldos no podía alegar desinformación al respecto de los llamados medios sanitarios; pero pudo más su afición, su pasión por demostrar su valía como recortador que todas las carencias que en dicha plaza pudieran haber. Honores para estos hombres abnegados que no les importa para nada jugarse la vida y, como en el caso de Grimaldos, muy lejos de su país y a cambio de 150 euros, lo que cuestan dos cubiertos en cualquier restaurante de España medianamente decente.


Víctor Grimaldos en un momento de la entrevista con Pla Ventura

-Víctor, yo respeto tu decisión; como entenderás, no la comparto porque eso de jugarte la vida por nada y, para colmo, muy lejos de España, para mi entender, tu locura está más que servida. ¿Cómo surge esa idea de ir a México para jugarte la vida?

El proyecto, a priori, resultaba interesante; yo diría que muy apasionante al menos para mí que, lo de visitar México me parecía algo increíble. Nos contrató Saulo Flores que trabajaba para Casa Toreros, una gran empresa mexicana de toros; es decir, todo tenía tintes de normalidad, lo que yo no sospechaba era todo lo que más tarde ocurriría.

-Como dices, todo parecía normal pero, Víctor, si me lo permites, eso de ir a jugarte la vida por ciento cincuenta euros por tarde, si te soy sincero me parecía algo ridículo, es decir, muy difícil de aceptar para una persona normal si me permites la expresión. ¿Cómo aceptaste tan ridícula oferta?

Como tú comentabas al principio de esta conversación que tenemos, me pudo más la ilusión que el propio dinero que tenía que percibir, de ahí el hecho de aceptar la oferta. Una locura, nada más cierto, pero por el hecho del contrato no puedo culpar a nadie porque así lo acepté. Es cierto que en el mundo de los recortadores tampoco podemos aspirar a más; así está establecido y de tal modo lo tenemos que aceptar, no hay engaño posible porque sabemos a qué nos enfrentamos y a qué atenernos; a nadie obligan para ser recortador, es una decisión muy personal de cada cual, por tanto, sabemos los riesgos que asumimos.

-Por lo que te explicas, más que el hecho de un contrato para poder actuar en México, si me lo permites, ese viaje tenía mucho más de aventura que cualquier otra cosa digamos normal. Lo digo porque con el dinero que tenías que percibir apenas podrías vivir en México. ¿Cuál era en realidad tu proyecto?

Dices bien. El viaje tenía mucho de aventura, de pensar en sea lo que Dios quiera, pero pese a todo, estaba ilusionado por visitar aquellas tierras. Dentro de mi mente fluían muchas ideas al respecto de lo que serían mis actuaciones, todas las que teníamos firmadas. Pensaba, por ejemplo, que aquello podría funcionar y hasta incluso podríamos quedarnos en México durante mucho tiempo. Claro que, una cosa eran las ilusiones que yo tenía y, otra muy distinta la realidad que tuve que vivir.


Anunciado en la provincia de Yucatán

-Ahora tras todo lo ocurrido que hablaremos más tarde, ¿merecía la pena dicha aventura sabedor del riesgo que asumías?

Pienso que sí porque la locuras se hacen de joven como es mi caso; de mayor o de viejo uno solo tiene ganas de paz y de mucho sosiego pero, amigo, la juventud es una enfermedad que solo la curan los años. Recuerda que la aventura siempre merece la pena porque supone la incógnita de lo desconocido, algo que siempre es apasionante.

-Supongo que el pasaje hasta México no sería barato. ¿Cómo financiaste el pasaje de ida?

Eso no supuso problema alguno; entre lo que yo tenía ahorrado y lo que me ayudaron mis padres hice el viaje sin incidencia alguna.


-Ya estás en México, aterrizas en Guadalajara y, de allí hasta Yucatán para actuar acto seguido en Tizimín. ¿Qué pasaba por tu mente en aquellos instantes?

Ya puedes imaginarte; me sentía más importante que Enrique Ponce en La México, si me permites la expresión. Ten en cuenta que eran quince actuaciones las que teníamos firmadas por varios estados de México, una opción que, ante todo me permitiría conocer muchos lugares, nuevas culturas, otras gentes; todo me resultaba apasionante.

-Llega la tarde de Tizimín, sale el primer toro, haces el salto del ángel y, ese instante, mientras tú volabas sobre el toro, éste levanta la cabeza con tan mala fortuna que te clava el pitón en la barriga y te parte en dos, dicho en cristiano. ¿Qué sentiste en aquel momento?

Un dolor horrible; vamos, que me moría. Me quedaron alientos para comprender que había llegado mi hora y, cómo me sentía, tenía la sensación de que mis restos quedarían en México para siempre si mi familia no me repatriaba, pero ya cadáver, claro.


El parte médico

-Intuyo, por la forma en que me hablas que, en Tizimín, los medios sanitarios eran casi nulos. Pero como antes decíamos, eso tú ya lo sabías. ¿Qué pasó tras la tremenda cornada?

Tremendo todo lo que allí viví porque en Tizimín apenas pudieron hacerme nada porque no tenían medios; me trasladaron a Mérida en un viaje larguísimo que duró doce horas; todo ello mientras yo me desangraba y, como te contaba, sentía que me moría. Mi suerte no fue otra que mi corazón resistió hasta llegar la clínica y, a la llegada hasta la misma me operaron de urgencia con un parte médico que luego me entregaron que, tras leerle, quedé inerte por completo; tras comprobar la gravedad de la cornada y el diagnóstico que me dieron, por poco fallezco una vez intervenido. Me diagnosticaron una peritonitis fecal generalizada, practicándome una colostomía terminal, así como un lavado de cavidad y herida quirúrgica. Vamos, lo que se dice un drama al más alto nivel.

-Al parecer, los dos meses que estuviste ingresado no fueron precisamente un camino de rosas que solemos decir.

Para nada porque se me presentaron lo que se llama dos sangrados de tubo digestivo encontrándome una úlcera duodenal en la que me tuvieron que hacer varias transfusiones de sangre, todo ello porque se había producido una infección que me tuvo muchos días en la unidad de cuidados intensivos como aquí solemos decir cuando un paciente presenta una gravedad como la que yo tenía. Allí, los doctores Luis Navarrete y Federico López Rosales hicieron todo lo que pudieron, en definitiva, pese a lo que vendría después, en primera instancia me salvaron la vida.

-Al margen de la herida, ¿cómo te sentiste herido, casi desangrado y solo en un país desconocido para ti?

Muy mal, esa es la verdad. Si físicamente estaba destrozado, anímicamente ni te cuento. Afortunadamente, entre Casa Toreros y Toros Yucatán y el señor Ernesto Rodríguez de Mérida, todos ellos financiaron el pasaje para que mi madre pudiera venir hasta México para estar conmigo, algo que les agradeceré eternamente. También me ayudaron Saulo Flores y Mauricio Perera quien colabora también con vosotros en OyT.


Víctor con su grupo en una tarde de toros

-Claro que, mientras tú estabas muriéndote, lo peor estaba por llegar que no era otra cosa que el pago de la factura del hospital donde te atendieron que, como pude saber, aquello ascendió a poco más que una fortuna. ¿Cómo te las ingeniaste para pagar aquella astronómica cifra que te pidieron por curarte?

En aquellos momentos, días horribles los que pasé en aquel hospital, es cuando valoré por completo la Seguridad Social que tenemos en España, un valor altísimo que no le damos importancia justamente por eso, porque lo gozamos; pero tuvo que ser en México, desamparado por completo y sin un euro en mi bolsillo cuando comprobé lo afortunados que somos en España al respecto de la salud; creo que pocos países habrán en el mundo tan ricos como nosotros al respecto. Me ayudaron muchas personas que, de pronto me tomaron afecto, tales como Miguel Oropesa que fue torero, que se marchó a México y allí reside. Me ayudaron también Andrés Romero, rejoneador, el diestro Antonio Nazaré que se encontraba haciendo campaña, así como muchas personas anónimas que me tendieron su mano, lo que viene a certificar que, en cualquier parte del mundo existen buenas personas, esa fue mi gran suerte.

-Dos meses más tarde aquella tragedia llegaste a España y, tras ese tiempo, cualquiera podría pensar que regresaste curado cuando, la realidad nos dijo todo lo contrario; es decir, lo peor estaba por llegar. ¿Verdad?

Tras todo lo ocurrido, lo que he pasado y penado, entiendo que aquellos doctores de México pusieron toda su sapiencia por curarme pero, al llegar a casa me encontré con la triste realidad de lo que mi cuerpo sentía, hasta el punto de que durante todo este año he pasado dieciocho veces por el quirófano, me han hecho varias transfusiones de sangre, así como cinco sesiones de cámara hiperbárica. Una tragedia al más alto nivel. Entre otras muchas cosas, me retiraron la colostomía para que mi cuerpo pudiera hacer las funciones fecales con toda normalidad pero, como te contaba, casi un año después, como podrás ver, mi abdomen sigue lleno de grapas por las intervenciones que me han realizado.

-Vaya calvario, Víctor. Estoy por decirte que Cristo, en el Gólgota, sufrió menos que tú. Un año entero de hospitales, intervenciones quirúrgicas; en definitiva, un año para olvidar ¿verdad?

Y que lo digas. Estoy deseando que acabe pronto, pasar página, volver a la normalidad y olvidarme para siempre de este macabro año. Han sido demasiadas circunstancias negativas, horribles las que he vivido, situaciones que no quiero que se vuelvan a repetir y, sin duda, no se las deseo a nadie.


Ejecutando el 'salto del Ángel'

-Tras todo lo que ha ocurrido, mejor dicho, tras todo lo que penaste en México. ¿Guardas rencor a alguien en dicho país?

No, para nada; eso nunca. Yo sufrí las circunstancias que ellos tienen que, desde aquí, lógicamente, la vemos como una tragedia que, en definitiva, para ellos es así. Los médicos, en el hospital de Mérida hicieron todo lo que pudieron o supieron, es lo mismo. No puedo negarte, como antes te contaba, todo el apoyo que tuve de muchísimas personas que tanto me ayudaron en todos los sentidos, digamos que me quedo con la parte buena de todo y, por encima de todo, celebrar que estoy vivo, algo que por momentos, yo diría que durante muchos días, tenía la incertidumbre de que pudiera salir con vida de aquella tragedia en la que me vi envuelto.

-Con la mano en el corazón, ¿qué pensaste cuando llegaste a Madrid y tenías 30 euros en el bolsillo, ni el dinero suficiente para llegar a Elda, tu lugar de origen y residencia?

Digámoslo claro; los tenía porque unos amigos de los que te hablaba me los dieron porque, con los 300 euros que me pagaron por mi actuación y dos meses de estancia en México, ya puedes darte una idea. Es cierto que, pese a todo, comprobar que pisaba suelo español y que en pocas horas estaría en mi casa para celebrar que estaba vivo, con eso me bastaba y me sobraba, aunque como hemos comentado, en aquel momento no sabía que lo peor estaba por venir; peor, en el sentido de que todavía quedaban varias intervenciones por hacer para que mi cuerpo recuperara la normalidad.

-Me decías que, una vez te repongas del todo tienes pensado ponerte a trabajar en un pequeño negocio que tienes del que eres autónomo, es decir, dueño y señor de tu vida. Claro que, la pregunta es obligadísima, justamente, la que esperan todos nuestros lectores, ¿volverás a jugarte la vida como recortador como tantas veces ha hecho antes de llegar a México?

La respuesta es complicada tras todo lo que he pasado. No lo sé. No tengo de momento argumentos para responderte con claridad pero, si me obligaras a decirte un sí o un no, te diría que sí; que cuando me recupere físicamente, llegado el caso me volveré a jugar la vida frente a un toro.


Víctor saldrá, como debe ser, victorioso de esta experiencia

-Tras todo lo que me has contado, si te dijera que estás loco ¿qué me responderías?

Que el mundo lo mueven los locos, pero en todos los sentidos y en todas las profesiones. He penado mucho, es cierto, pero como me contaron en México, por ejemplo, David Silveti, antes de quitarse la vida sufrió treinta y ocho intervenciones quirúrgicas porque quería seguir siendo torero. Eso sí que fue un calvario en toda regla que, como sabemos y me contaron, tras sus dos últimas actuaciones en La México, El Rey David como así le conocían, al ver que definitivamente no podría torear más optó por quitarse la vida, algo que comprendí por completo.

-Lo que sí barrunto, Víctor, y esto sí que es querer hurgar en la herida dicho de forma metafórica, supongo que no tendrás ganas de volver a México ¿verdad?

Para actuar es cierto que me lo pensaría muchísimo porque he palpado las condiciones médicas que allí disponen y, volver en ese aspecto sería poco más que un suicidio premeditado; pero en calidad de turista me iría a México ahora mismo, allí hay muchas cosas hermosas por ver, así como unas gentes maravillosas.

-Por cierto, he podido saber que, antes de emprender tu carrera como recortador quisiste ser torero, incluso que entrenabas junto al matador Francisco José Palazón, ahí en Elda. Por lo que se deduce, lo de torero no pudo ser. ¿Qué pasó?

Sencillamente, que no tenía condiciones, las cosas hay que decirlas como en realidad son; Palazón, como si las tenía llegó a matador de toros y ahí está su carrera como torero que, cierto es, no ha tenido demasiada fortuna al respecto del éxito; pero lo que sí es verdad es que sus actuaciones se han saldado siempre con triunfos. Ahora, como sabemos, Francisco José Palazón, en el transcurso de este año se ha tenido que enfrentar a una terrible enfermedad de la que se encuentra mucho mejor, incluso ya está ilusionado para poder torear al año que viene, algo que me alegro muchísimo, al tiempo que le mando un fuerte abrazo desde vuestras páginas.

-Gracias, amigo Víctor Grimaldos. Solo me queda decirte que tu historia me ha impresionado, algo que barrunto que les sucederá a todos nuestros lectores puesto que, esa cuota de dolor, esas vivencias son apasionantes; si leerlas es aleccionador, vivirlas como tú las sufriste debió ser algo épico y trascendental. Que tengas mucha suerte en la vida. Debo de confesar, como así lo titulo en nuestra entrevista que, tú, más que nadie, debes de darle gracias a Dios porque estás vivo gracias a él, no tengo la menor duda. Por todo ello, que Dios te siga bendiciendo.

PALABRAS DE CORAZÓN

Fotos cedidas por el entrevistado

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