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Alberto Aguilar  
  entrevista de Pla Ventura [ 14/01/2018 ]  
ALBERTO AGUILAR: Me voy sin amargura
La noticia inesperada de este año en el mundo de los toros no es otra que la retirada de Alberto Aguilar, un torero honrado que se ha dejado la piel en los ruedos del mundo; un hombre que no ha regateado esfuerzo alguno para estar a la altura de las durísimas corridas que ha tenido que lidiar. Todo un ejemplo de lo que puede ser un estigma dentro de los ruedos.

Al parecer, como el diestro nos ha confesado, la lesión que sufrió hace unos años en Cali, Colombia, es la que le ha abocado para tomar tan dura decisión. Todo parecía normal en la carrera del diestro pero, como sabemos, muchas veces, “la procesión va por dentro” caso de Alberto Aguilar que, con todo el dolor del mundo no ha tenido más opción que pensar en la retirada.

Digamos que Alberto Aguilar ha militado en esa “segunda división” del toreo pero en la que, en la misma, ha sido un gran protagonista; se habrá llevado menos laureles que otros, nada es más cierto, pero nadie le podrá arrebatar su digna forma de enfrentarse a los toros que, como todo el mundo sabe, su enorme mérito nadie se lo podrá discutir. Ganaderías durísimas en las que, para mayor desdicha, en esa segunda división aludida, igualmente Alberto tenía que competir con unos compañeros tan válidos como él y, a su vez, tratar de salir victorioso en el envite.

Alberto Aguilar confiesa que se marcha del toreo sin amargura y, le creo; pero seguro estoy que, dadas sus condiciones como torero, dentro de su corazón, con toda seguridad, le quedará el resquemor de no haber llegado hasta donde él hubiera querido. Claro que, la vida es como es y no puede ser de otro modo, razón por la que Aguilar ha aceptado la vida como le ha llegado.


Alberto Aguilar espera una temporada exitosa para cerrar su carrera

-Nadie nos podíamos imaginar que, un diestro tan admirable como tú, Alberto Aguilar, con toda tu juventud y sin aparentes signos que nos dijeran lo contrario que anunciaras tu retirada para finales de esta temporada. ¿Por qué, Alberto?

Vengo arrastrando desde hace mucho tiempo las secuelas de la lesión tan grave que tuve en Cali, Colombia, y la misma me ha hecho recapacitar. Me han visto los médicos y han decidido operarme de nuevo, algo que he dejado para final de la temporada. Apenas tengo sensibilidad en una zona del pie, algo que me dificulta mucho los movimientos.

-Y si es así como dices, no quiero ni pensar el calvario que estarás pasando dentro de los ruedos. Y menos mal que no pones banderillas, ¿verdad?

Es que, aunque quisiera, no podría. Lo que tú has apuntado, todo un calvario. Pero tengo que sobreponerme a las circunstancias porque el aficionado que ha pagado una entrada no sabe, no debe de saber, qué clase de problemas pueda tener un torero. Por todo ello, como entenderás, el sacrifico es tremendo.

-Permíteme que piense en voz alta. Esa operación a la que dices que te han de someter a finales de temporada, ¿no hubiera sido mejor llevarla a cabo ahora, antes de empezar el ciclo que nos ocupa y, de tal modo, tratar de seguir durante algunos años más?

Por supuesto. Pero no tengo garantías absolutas de quedar perfectamente, de ahí el anuncio de mi retirada para finales de temporada. Al respecto de lo que tú dices, podía haberme engañado a mí mismo pero, si jamás engañé a nadie, mentirme a mí mismo para nada, hubiera sido toda una banalidad.


Alberto con la diestra en Las Ventas

-Te voy a poner un ejemplo para ver en qué estado anímico te encuentras. Imagina por un momento que, este año actúas en San Isidro, como tantos años y, por fin, sales por la puerta grande de Las Ventas y empiezan a reclamarte de todos los lados. ¿Cambiaría en algo la decisión que has tomado?

No, para nada. Ante todo porque es una decisión lógica y cabal la que he tomado; los problemas físicos no tienen nada que ver con los psíquicos. Es decir, yo podría estar más o menos deprimido y, ese triunfo hipotético del que hablamos que me animara para seguir pero, los físicos, como el que yo sufro en el pie, eso no se cura con lisonjas o plácemes por parte de los aficionados.

-Por cierto, hablando de Madrid. ¿Te marchas del toreo con el resquemor de no haber podido abrir la puerta grande de la primera plaza del mundo?

Resquemor no, porque no tengo amarguras para con nadie y mucho menos contra mi humilde persona. Pero si es cierto que me llevo la penita de no haberlo logrado cuando lo tuve al alcance de la mano en tres ocasiones. En los momentos citados, tenía cortada la primera oreja y, unas veces por el fallo con la espada, otras por el verduguillo, ahí quedó todo.

-¿Es Madrid la plaza que mejor te ha tratado?

Fíjate, aunque parezca algo ególatra, soy un torero que me he sentido respetado en todos los lados, nada es más cierto. Pero sí, Madrid me ha tratado muy bien. Es cierto que, por ser la primera plaza del mundo, sabedores del ganado que estaba lidiando, a poco que rodaran las cosas ya tenía el público metido en el canasto.

-Por encima de todo, Alberto, eres un torero de los llamados toreros de Madrid. ¿Qué te ha dado ese “título”?

Ante todo la honra de torear cuatro tardes en algunas temporadas en Las Ventas, algo que no suele ser muy usual por parte de los toreros. Ese reconocimiento es el que me ha mantenido vivo en el toreo, el que me ha permitido acudir a muchísimas plazas en las que he podido triunfar.


Doblándose por bajo

-Tras doce años de toreo en activo, con el reconocimiento de muchos aficionados, de éxitos incuestionables, de cornadas de todo “tipo”, al final de tu carrera, la que anuncias para este año, ¿qué te ha quedado por hacer?

Muchas cosas, por Dios. Por mi parte creo que no he dejado nada por hacer pero, ya viste, tuve que bregar contra el toro y contra mis propias circunstancias. Yo deseaba, como todos, llegar a lo más alto del escalafón; repito que, por mí no ha quedado. Pero no es menos cierto que me ha faltado ese punto de suerte que es el necesario para llegar a lo más alto.

-Tampoco te atormentes que, si miras hacia atrás muy pronto comprenderás tu gran éxito en la vida y, ante todo, en calidad de torero. Quiero decirte que, son muchos los que empiezan, casi todos mueren en el intento, media docena llegan a lo más alto y, existe un núcleo de toreros de tu corte que, como es tu caso, le dan grandeza a la fiesta. ¿Qué lectura le das a tu paso por el toreo?

Yo diría que hice algo muy digno; no llegué hasta donde anhelaba, ya lo hemos comentado, pero si me siento orgulloso de lo que ha sido mi paso por el toreo porque, como sabes, en el circuito que me he movido la competencia es feroz. Yo diría que, a nivel de competir, en mi “liga” es mucho más difícil que donde se mueven las principales figuras del toreo; primero porque ellos son menos en cuanto a número que en mi circuito y, acto seguido, porque de las corridas llamadas comerciales se programan muchísimas más que de las nuestras. Si me apuras, tampoco ha sido nada sencillo lo que he logrado y, repito, me siento satisfecho.

-¿Te ha quedado alguna “factura” por pagar? Es decir, saber que alguien te hizo una putada y que te marchas sin poder devolverle el “aprecio”.

Yo creo que, todos, de alguna manera, hemos pagado el peaje que la profesión nos ha exigido pero, lo que se dice irme con ánimo de revancha para con nadie, eso no va conmigo. Si te digo la verdad, echo la visto atrás, siéndote muy sincero, tampoco tengo motivos para odiar a nadie.


Llega la hora de matar

-O sea que, te marchas en paz contigo mismo.

Sí, por supuesto. He desarrollado, durante toda mi vida la profesión a la que amaba, la que sigo amando; he vivido con mucha dignidad de dicho “trabajo”, hasta gané unas “pesetas” para ir tirando. En realidad, tampoco puedo pedir más.

-Entiendo, Alberto, que lo que sí te llevas es una parcela de gloria artística que nadie te la podrá arrebatar. ¿Verdad?

Por supuesto. Los éxitos que yo he logrado son el recuerdo maravilloso que vivirá dentro de mi alma mientras viva. Y son dignos de mención puesto que, como todo el mundo sabe, con mirar las ganaderías que me enfrenté y con las que me seguiré enfrentando esta temporada, son el detonante que certifican lo que ha sido mi paso por el toreo.

-Como todo no ha sido gloria en tu carrera, Alberto, con toda la intención del mundo deja que te pregunte, ¿sabes quién es Enrique Ponce?

Lo que se dice mala idea, la tienes toda. Pero como entiendo el trasfondo de tu pregunta te diré que, una vez en mi vida, en Mont de Marsán, pude torear con el maestro; algo es algo, ¿verdad? No puedo decir lo mismo de Morante, El Juli, Manzanares y algunos más con los que no he toreado en mi vida.

-Y digo yo, Aguilar, y con perdón de que sea reiterativo, ¿no te causa amargura haber pasado por el toreo durante una docena de años sin haberte encontrado en tu camino a los llamados grandes de la tauromaquia?

No, porque yo sabía de mi realidad como torero. Por ponerte una metáfora te diré que con mi auto soy capaz de ir a cualquier parte de Europa si hiciera falta; pero llegar hasta la Luna eso ya es más complicado. En los toros sucede lo mismo; en mi circuito me he movido muy bien, pero llegar al estrado de esos compañeros me sonaba como imposible.


La hora de la verdad

-¿Y qué hubiera pasado de haberte enfrentado a ellos?

No lo sé, pero tampoco lo puedo saber. Si sé que, de haberme enfrentado a ellos eso hubiera sido el detonante de que yo hubiera estado en el circuito de ellos y, con toda seguridad hubiera batallado por ganarles la pelea, como he hecho con todos los compañeros a los que me he enfrentado.

-Tristeza, pena, desolación, evocación, desilusión…. ¿Qué sentimiento te alberga al ver que abandonarás para siempre la profesión a la que has amado y a la que has consagrado tu vida?

He anunciado que me retiro pero, eso que me dices no lo he pensado todavía; al final de la temporada te lo diré. Mientras tanto, pese a todo, sigo ilusionado por terminar este año que, como dije, será mi último año en el toreo y, Dios quiera que tenga la oportunidad de firmar algunas páginas memorables en el libro del toreo para que, ante todo, dejar un bello recuerdo entre los aficionados; me ilusiona hacer más de lo que hice, nada sencillo, pero ilusión que no falte. Pero sí, como quiera que no soy de piedra, la tarde en que yo sepa que es la última, con toda seguridad que aflorará sobre mi cuerpo el sentimiento de la tristeza, pero no por nada, sino como le ocurre a cualquier persona en la profesión en la que haya circunscrito su vida y ver que lo dejas para siempre.

-Por cierto, Alberto, ¿te marchas del toreo sabiéndote un buen torero pero que no ha sido comprendido como debiera?

Aquí podríamos enlazar las amarguras que antes decíamos. Tengo la certeza de que he sido, soy un buen torero; de los que en el mundo del toro llamamos un buen profesional, pero si la suerte no ha querido sonreírme más, no tengo motivos para buscar culpables que, si analizamos, igual la culpa es mía por no haber logrado mayores laureles especialmente en Madrid que, como antes dijimos, por tres veces consecutivas estuve a punto de abrir la puerta grande. No lo logré y, quién sabe, igual ese fue uno de los motivos por los que no llegué más lejos.


-Hay una cosa, torero, con la que ganarás muchísimo y es que te olvidarás del miedo para siempre porque, amigo, con las corridas que has lidiado, imagino que el miedo sería terrible. ¿Verdad?

Por supuesto que en ese aspecto viviré muy tranquilo, es obvio. Se pasa miedo, es cierto; pero creo que se pasa mucho más en los prolegómenos del festejo que una vez dentro de la plaza; soy un profesional y, como pienso que les ocurre a todos, cuando dominas el oficio éste es el detonante de haber vencido al miedo. Un torero, lleno de pánico, no podría torear jamás. Yo, como tantos, creo que supe vencer al miedo.


Un natural en su última tarde en Madrid... hasta hoy. Suerte para 2018

-La pregunta, Alberto, es obligada. Al finalizar la temporada y tras cortarte la coleta, ¿en qué emplearás tu tiempo que, como se sabe, eres todavía un chiquillo y te queda mucha vida por delante?

Tampoco me lo he preguntado, pero si me gustaría estar ligado al mundo del toro, en la faceta que fuere, pero poder vivir de esa pasión llamada el mundo del toro, a la que consagré mi vida, mi juventud y, como te digo, con la esperanza de que tras mi retirada poder encontrar un puesto de trabajo acorde a mi personalidad, pero dentro del mundo de los toros.

-Que tengas mucha suerte, torero. Nos veremos, si Dios quiere, a final de la temporada para que nos cuentes tus últimas impresiones al respecto. Ahora, para satisfacer a los aficionados por aquello del anuncio de tu retirada en la que muchos de ellos querían saber tus impresiones ante esta temporada tan trascendental para ti, nos has atendido y te lo agradecemos muchísimo. Mucha suerte y que Dios te bendiga.

Fotos: Muriel Feiner

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