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José Luís Cazalla  
  entrevista de Pla Ventura [ 01/05/2018 ]  
JOSÉ LUÍS CAZALLA, un apoderado llamado Libertad

Recuerdo los comienzos como apoderado de José Luís Cazalla y todavía me estremezco. Era la época en que quien suscribe vertía sus ilusiones en MT, la revista EL MUNDO DE LOS TOROS, la que editaba en Palma de Mallorca aquel señor llamado Juan Bochs Iglesias. Por cierto, lo que era Mallorca en aquellos años y en lo que ha quedado, ¿verdad, José Luís?

José Luís Cazalla, como tantos chavales de aquella época quiso ser torero, incluso llegó a debutar con picadores pero, como él confiesa, su falta de valor era lo que le impedía exponer el arte que corría por sus venas. ¿Qué hacer? Buena pregunta como él mismo se hiciera. Pero con poco más de veinte años, decidió que su mundo tenía que seguir siendo el del toro, razón que le abocó al apoderamiento de distintos toreros siendo, como se sabe, su “buque insignia” el gran Luís de Pauloba, aquel torero que pudo haberlo sido todo en el toreo pero que, la suerte no quiso estar a su lado.

Cierto que, han sido innumerables los chavales que han pasado por sus manos, lógicamente, con distinto signo en lo que a la suerte se refiere. Cazalla sabía, desde el primer día que emprendió su tarea lo difícil que todo el mundo se lo pondría. Pero desde el primer día pudo más su convicción que todas las trabas que le ponía la vida, a las pruebas me remito puesto que, más de treinta años en la profesión nada ni nadie ha logrado mitigar sus ilusiones.

José Luís Cazalla es un libro abierto; cientos de vivencias las que anidan en el anaquel de su alma, todo ello, como diría Belmonte, para sustentar lo que se llama sabiduría popular, la que él aprendió en los callejones de las plazas de toros y, sin duda, en las calles de la universidad de la vida.

Su mérito, como digo, no es otro que, desde la más absoluta libertad ha sido capaz de vivir de la profesión a la que siempre amó, es decir, haciendo gala a uno de los axiomas del maestro Facundo Cabral cuando nos decía que, todo aquel que hace lo que ama está benditamente condenado al éxito siendo, como explico, el caso de Cazalla que, enamorado de su profesión ha vivido de lo que amaba.


José Luís Cazalla dando una conferencia en calidad de apoderado

-Han pasado muchos años desde que empezaste tu andadura como apoderado pero, tras ver tu actitud, tengo la sensación de que parece que estás empezando; lo digo porque no te cansas, no desfalleces. ¿En qué te fijas ante todo para apoderar a un determinado diestro?

Analizo a la persona que, ante todo, entiendo que es fundamental. Belmonte solía decir que se torea como se es, pero yo invierto el término, analizo al ser humano que tengo enfrente para ver de determinar qué clase de torero puedo encontrarme.


El apoderado con Canales Rivera, uno de sus poderdantes

-Por lo que me dices, tienes el gusto refinado. Yo creía, te lo juro, que para apoderar a un chico te fijabas en sus valores artísticos, dejando en segundo lugar su condición como ser humano. ¿Por qué inviertes los papeles en ese sentido?

Porque son seres humanos como yo, como tú; personas con las que tengo que convivir y si en calidad de seres humanos no merecen la pena, intentar lo demás es tarea baladí.

-Decía yo que tú eres el paradigma de la libertad, el valor más grande que pueda tener un individuo pero, ¿sabías que se paga un precio carísimo por ello?

¡Qué me lo digan a mí que soy el prototipo de lo que tú decías! Pero es cierto que esa libertad en ocasiones te hace pasar malos ratos; claro que, a su vez, saberte el dueño de tu destino y el amo de tu propia hambre, te permite incluso soñar que, en ocasiones es siempre muy reconfortante.

-Empezaste con un muchacho que no fue nadie en los toros pero muy pronto, mira por dónde, apareció en tu vida el que ha sido santo y seña en tu carrera, caso de Luís de Pauloba, un torero de arte que nadie comprenderá cómo no llegó al estrellato. Con la mano en el corazón, José Luís, ¿falló el torero o fuiste tú el que te equivocaste?

Como dices, Pauloba me hizo pasar tardes deliciosas dentro de las plazas de toros. Yo sabía que tenía entre mis manos a todo un artista, hasta el punto de que, cuando le vi torear por vez primera me dije para mí mismo: “Este es capaz de hacer el toreo que yo siempre soñé, el que quería llevar a cabo pero que nunca fui capaz” Como entenderás, muy pronto me identifiqué con él, no podía ser de otra manera. Rezumaba arte por los cuatro costados pero, sus tremendos fallos con la espada jamás nos permitieron llegar hasta donde el diestro merecía que, sin duda era a lo más alto.


José Luís Cazalla con el maestro Manolo Cortés

-Igual no fuiste lo suficientemente indulgente con él porque, tú mejor que nadie sabías que había perdido un ojo, una tara que, aunque no lo queremos reconocer debe ser tremenda. ¿Verdad?

Si te digo la verdad, esa desgracia apenas le afectó; ahí tienes el caso de Juan José Padilla que, en sus mismas condiciones se ha hecho rico desde que perdió el ojo. Aquello de ser libre como nosotros éramos, es decir, no tener el respaldo de nadie de los grandes, aquellos fallos con la tizona fueron el detonante para que, poco a poco nos fueran arrinconando.

-Imagino que, por aquello de llevarte una comisión no echarás a tus pupilos a los leones. No sé si me explico.

Te entendí perfectamente. El apoderado tiene que saber cómo primera regla del juego, saber qué clase de toros puede lidiar el poderdante en cuestión. Por ejemplo, yo soy consciente de que Canales Rivera puede lidiar el tipo de toro que sea porque lo ha hecho muchas veces, pero ese mismo toro si lo echara a Pepe Luís yo sería un ser despreciable. El apoderado, como norma básica, tiene que saber de las limitaciones del torero; lo que para uno vale, para otros es imposible. Y esto no es ningún engaño, todo lo contrario, es una cuestión de actitud a tenor de las condiciones de cada cual.

-Otro torero curioso que pasó por tus manos, en este caso torera, no fue otro que Mary Paz Vega que, tras varios años de lucha se rompieron vuestras relaciones y, me consta que la malagueña es un primor de ser humano, además de una gran profesional. ¿Qué pasó?

La ilusión me desbordaba el día que me hice cargo de Mary Paz; yo sabía que con ella tenía un diamante al que había que pulir y, estaba dispuesto a ello, la prueba es que no regateé esfuerzo alguno por lograrlo. Le hice muchos contratos a sabiendas del machismo reinante, pero sus éxitos eran los míos. Lograr que nos contrataran en plazas de fuste era complicado pero, fíjate, les tomamos la medida a los pueblos y de tal modo se rodó muchísimo, hasta que empezaron los problemas.

-¿El machismo, acaso?

Entre otras cosas porque, claro, los compañeros con los que alternaba en principio no ponían pega alguna pero, aquello de comprobar que en los pueblos salía en hombros mientras que sus compañeros hombres no triunfaban, aquello creó una espiral que nos engulló a los dos. Hice gestiones en Venezuela donde era muy querida y admirada, todo por conseguirle una exclusiva con unos empresarios venezolanos pero, para mi desdicha, cuando todo estaba a punto de caramelo, Mary Paz había firmado un contrato en México, hasta el punto de que lleva muchos años residiendo por allí con muchos triunfos en su haber.


Cazalla con Víctor Janeiro, Canales Rivera y Julio Benítez

-Otro hombre que funcionó mucho contigo era Canales Rivera. Si no recuerdo mal, un año le hiciste casi sesenta corridas de toros, incluida la de Pamplona que, por poco le cuesta la vida. Pese a todo, su estrella fue languideciendo hasta el punto que, por lo que podemos ver, Canales Rivera apenas torea.

Era, sigue siendo un torero muy poderoso, la prueba es que mató las corridas más terroríficas que podían existir en las dehesas y, como dices, exponer tanta verdad solía ser muy complicado porque, como apuntabas, en Pamplona pudo haber muerto. Cierto y verdad es que, no hubo triunfos grandes en plazas clave, amén de las treinta cornadas que el muchacho lleva en su cuerpo, un hándicap muy difícil de superar.

-¿Qué le argumentas a un empresario para que contrate a tus pupilos?

Ante todo esgrimo mi verdad que, como se entiende, no es otra que mi humildad; soy consciente de que trabajo en la segunda división del toreo, pero no por ello tiene menos dignidad que la primera.


Así de bien toreaba Luis de Pauloba con el capote

-Entre otros, apoderas al torero más extraño que pudiera aparecer en el escalafón de los toreros, me refiero a El Capea. Y digo extraño como un mérito añadido a dicho diestro porque, amigo, estando rico quiere seguir jugándose la vida. ¿Cómo llegaste a él?

Me llamó José Ignacio Cascón para presentármelo, analicé su comportamiento y me pareció un muchacho admirable. Sin duda es el caso más singular que pueda existir en el toreo. Se trata de un hombre rico por ser hijo del gran Pedro Gutiérrez, amén de tener como suegro a Fermín Espinosa Armillita. O sea que, para comer no le falta; pero amigo, esas ganas de querer ser y de jugarse la vida, eso es admirable. Imagina que, El Capea, madruga todos los días como cualquier español, para atender las empresas de la familia, entrena como una fiera todas las tardes para seguir jugándose la vida. Es de admirar, por eso me hice cargo de él. Como tú dijiste, un caso extraño en el toreo, pero muy de admirar, por eso estoy a su lado. El Capea, junto a Víctor Janeiro, son dos chavales que me tienen ilusionado, sin olvidar a esa gran dama del rejoneo llamada Ana Rita que, sin lugar a dudas es el caso de mayor afición que una rejoneadora pueda tener.

-Claro que, repasando tu vida respecto a los hombres que has apoderado, sospecho que tu gran capricho, tu gran debilidad no fue otro que Manolo Cortés. ¿Me equivoco?

Acertaste por completo. Con Manolo Cortés, Dios le tenga en su gloria, le cogí en los últimos momentos de su carrera, los suficientes para que me hiciera gozar lo inimaginable. Fue un gusto estar a su lado, como torero y como persona. Fueron dos años que no olvidaré jamás, con la penita que se me quedó al no poder llevar a cabo lo que yo quería con dicho diestro.

-¿A qué te refieres?

En aquellos momentos, yo entendía que la estrella de Manolo se estaba apagando, cosa lógica por el paso de los años. Pensé que había que darle una despedida tan honrosa como había sido su dignísima trayectoria. Lo hablé con él y ya lo teníamos decidido. Yo había hecho ya muchas gestiones para firmarle, en el peor de los casos, veinte corridas de toros en las plazas más significativas. Y cuando todo parecía que iba a desarrollarse como lo teníamos previsto, llegaron los cantos de sirena, engañaron al maestro, se marchó con un grupo empresarial y, lo que pudo haber sido una despedida maravillosa, todo quedó en una corrida en Sevilla y otra en Madrid, sin garantía alguna como más tarde se demostró. Sufrí mucho en aquel envite y, el maestro, en su grandeza, al año siguiente me pidió disculpas por la estupidez que había cometido. Pese a todo, jamás le guardé rencor, todo lo contrario, hasta el punto de que se venía a entrenar con los chavales que yo llevaba, sin duda, para seguir dándome lecciones.

-José Luís, ¿en qué se diferencia un comisionista de un apoderado como tú te calificas?

Yo creo que es sencillo. Un comisionista es el que vende un producto y se lleva una comisión; lo mío creo que nada tiene que ver con una comisión meramente mercantil porque yo lucho con mis toreros, batallo por contratarles con dignidad y, sin duda, como te decía, siento al unísono con ellos, de ahí como te decía mi anhelo por conocerles como personas antes que como toreros. Así, con la mano en corazón, muchas veces, respecto a mis toreros, si ha tenido que haber un damnificado ese siempre he sido yo.


José Luís Cazalla con Pepe Luís Vázquez Silva

-Y este año, como el hecho más romántico que pueda existir en el torero, te hiciste cargo del gran Pepe Luís Vázquez. ¿No es esa una aventura muy arriesgada?

No, para nada. Todo lo contrario. Con Pepe Luís estoy reverdeciendo los momentos maravillosos que viví con Manolo Cortés. ¿Tú te imaginas lo que es saborear el dulce manjar del toreo de Pepe Luís? Es algo irrepetible. Es más, Pepe Luís no quiere batallar con nadie; quiere, a lo sumo, alguna que otra tarde para sentirse vivo, tanto en festivales como en alguna que otra corrida de toros pero, como tú decías, dentro del romanticismo más bello que pudiéramos imaginar. Si me apuras, amigo, se trata del lujo más grande que yo pudiera soñar porque, el solo hecho de convivir muchas jornadas con el maestro, todo eso, pese a muchos años de carrera como tengo, todo es aprendizaje. Si Pepe Luis, como el mundo sabe, torea como los ángeles, es decir, como sueñan los toreros, conversar con él es un placer porque, como te contaba, todos los días aprendo en el libro de su sabiduría; un modelo de ser humano que, para colmo, es un torero excelso, el año pasado lo demostró una vez más en Granada cuando, el gran Morante le dijo: “Has toreado como yo siempre soñé el toreo, pero tú lo has hecho realidad” O como ocurrió entre barreras en que, en el callejón había un gran aficionado, seguidor de Morante que, tras ver a Pepe Luís le dijo a Morante: “Qué basto le he visto, maestro, comparado con Pepe Luís” Como sabes, cosas de los genios.

-¿No has pensado alguna vez en dejarlo todo? Te lo digo porque, lo que se dice trabas te pusieron todas las del mundo. Te lo comento, José Luís, porque como antes decíamos, por la libertad se paga un precio muy elevado.

Uno tiene momentos de todo en la vida; trabas, traiciones, desengaños; de todo he tenido y si Dios me sigue dando vida, seguro que todavía conoceré más historias. Pero no queda otra, es mi profesión, de la que vivo enamorado y, como no tengo sentimiento de culpabilidad para con nadie, vivo feliz y dichoso. Soy consciente de las dificultades, vamos, que me lo digan a mí, pero no queda otra porque, fíjate, dicho con humildad, todavía muchos chavales acuden a mí con la ilusión de ser toreros y no tan chavales porque el maestro Pepe Luís, ya viste, a sus años sigue impartiendo lecciones, algo que me tiene muy ilusionado, ante todo, porque está a mi lado.

-José Luís Cazalla, que sigas por ese sendero de la honradez y la ilusión, que jamás te abandone la suerte y, como decía, que sigas disfrutando de todos tus toreros pero, ante todo, de esa debilidad que me contaste que tiene nombre y apellidos, PEPE LUÍS VÁZQUEZ SILVA.

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