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Diego Urdiales  
  entrevista de Pla Ventura [ 20/11/2018 ]  
DIEGO URDIALES: Sucedió en otoño
No sabemos a ciencia cierta si la feria de otoño de Madrid resultó un éxito por culpa del destino, la suerte, o quizás por el famoso bombo en el que se repartieron las papeletas para que cada cual encontrara su suerte. Pero sí sabemos que, el gran triunfador de la misma no fue otro que Diego Urdiales, un torero que apuntó siempre maneras bellísimas; más que apuntar las mostró pero, como tantas veces sucediera sin tener el refrendo final que nos mostrara su grandeza como artista. Ha sido este año como podía haberlo sido en otros anteriores pero, de lo que si estamos seguros de que ahora nadie en el mundo albergará la más mínima duda al respecto de tan grande artista.


Sencillamente... Diego Urdiales

Si somos sinceros debemos de anotar que, en el actual siglo XXI en que vivimos, en Madrid han ocurrido muchas cosas pero, de forma muy concreta, ha habido cuatro epopeyas muy difíciles de olvidar que, a la sazón, éstas son las que siguen.


Recordemos, hagamos memoria y todos llegaremos a la misma conclusión. Corría el año 2008 en que reaparecía José Tomás en Madrid en dos tardes inolvidables que marcaron el devenir de la primera plaza del mundo. En el año siguiente, 2009, fue Luís Francisco Esplá el que en trance de su despedida cautivó a la afición madrileña en una faena de época que, como se sabe, ha quedado esculpida en los anales de Las Ventas. Llegó el año siguiente y en plena feria otoñal, Juan Mora realizó la faena de la temporada, incluso de muchas temporadas en que, se entretuvo en cortar tres orejas dejando una estela imborrable en dicha plaza. 

Y ha tenido que ser ahora, siempre en otoño, cuando Diego Urdiales ha protagonizado la épica artística más emotiva de cuantas se han dado cita en esta plaza. Como digo, lo de Urdiales ha sido, junto a las faenas antes reseñadas por sus compañeros, otro de los hitos a enmarcar en este siglo en que vivimos. En lo que llevamos de siglo, faenas importantes se han realizado muchas en Madrid, pero salvo las comentadas, apenas ninguna ha tenido calado en el tiempo como para que no se olviden jamás. Por dicha razón debemos de enmarcar a Diego Urdiales en ese lugar de privilegio que le corresponde puesto que, a no dudar, su tarde otoñal será inolvidable; y no lo digo yo, lo dijo él con sus atributos artísticos, con su valor sereno y puro; en definitiva con su torería sin límites.

Aquella tarde vimos torear como sucede muy pocas veces; pases los vemos dar en tropel por parte de muchas figuras del toreo pero, lo que se dice torear como para que todo el mundo se pusiera de acuerdo, hasta el presidente en el palco para premiar la grandeza de un hombre cabal que, para nuestra suerte, decidió ser torero. Se trata de Diego Urdiales que ha puesto a todo el mundo de acuerdo, algo casi impensable y mucho menos en la plaza de Madrid. Ahora, tras su epopeya madrileña el que quiera discutirle puede hacerlo, a riesgo de ser el hazmerreír de todo el mundo. Igual aparece algún osado al respecto pero, lo dudo mucho. Cuando la suerte no acompaña siempre salen reptiles de cualquier alcantarilla pero, en el caso de Urdiales, tras su apoteosis de Madrid, hasta sus enemigos han tenido que esconderse y, lo que es mejor, callarse para no ser ridiculizados.

-Primero, Diego, ¿ya pudiste digerir aquella borrachera de éxito tras aquel triunfo otoñal tan apoteósico?

La borrachera, como tú la defines, me duró un rato, sencillamente porque todo artista tenemos la obligación de poner los pies sobre el suelo para, de forma humilde, seguir creando arte que no es tarea sencilla. En muchas ocasiones, el hecho de no poder crear lo que uno sueña tiene la culpa el toro que no colabora con la causa que uno siente desde su interior. De ahí la humildad de la que te hablo, la que nos hace realistas y de que me quedan muchas batallas por ganar.

-Con la mano en el corazón, ¿te sorprendió tu propio éxito?

No, para nada. Una sorpresa es cuando te llega algo inesperado, sea bueno o sea malo, pero yo no podía sorprenderme de lo que hice porque me sentía capaz, la prueba es que en Madrid he estado varias veces casi a punto de lograr lo que siempre soñaba que, por unas u otras razones nunca antes se había consumado; pero de que yo era consciente de que podía llevar a cabo la tarde que nos ocupa, la que conquistó los corazones de los aficionados de Madrid y televidentes que lo vieron por la pantalla, eso lo llevaba grabado dentro de mi corazón; y no es jactancia alguna lo que digo, es la pura realidad de lo que han sido mis actuaciones en Madrid que, repito, en otras oportunidades faltó muy poco para que se prendiera la mecha, algo que ha sucedido ahora de lo cual me siento muy orgulloso.


El natural de Diego Urdiales no puede ser más natural

-Las emociones que aquella tarde sentiste, ¿Por qué las cambiarías?


Por nada porque no existe dinero en el mundo que pueda comprar el hechizo de un corazón rebosante como el mío que, pletórico de felicidad no me cambiaba por nada ni por nadie. Las emociones del ser humano no tienen precio, de ahí la dicha que sentí en tan rotunda tarde que, como tú comentabas antes, quiera Dios que quede para los anales de la plaza de Madrid, algo por lo que me sentiré muy dichoso.

-Tú caso torero, Diego Urdiales, es digno de estudio. Imagino que esta reflexión te la habrá hecho mucha gente pero, ¿cómo puede ser posible que, sin apenas torear por aquello de tener oficio y destreza, en apenas cinco tardes revientes Bilbao y logras que explote Madrid?

Es todo muy sencillo cuando el toreo se lleva dentro de uno; como sabes, mi preparación es absoluta y al máximo; uno no sabe cuándo será llamado, de ahí la incertidumbre que todo torero puede vivir y, por dicha razón uno tiene que estar preparado al máximo para que, llegado el caso, si se fracasa que sea por culpa del toro, nunca por el torero.


Así siente el toreo Diego Urdiales

-En tu carrera hay particularidades muy extrañas puesto que, cualquier aficionado, mira el escalafón y ve el número de festejos que has toreado y si no se es muy aficionado cualquiera puede pensar que, habiendo toreado tan poco quizás seas uno más. Pero, ay amigo, que las estadísticas no dicen la verdad, tú eres el ejemplo de lo que digo.


Sí, muchas veces lo basamos todo en la numerología, en las propias estadísticas de las que tú antes hablabas, pero son conceptos antagónicos puesto que nada tiene que ver el arte en su grandeza con los fríos números de una estadística. Claro que, los que amamos el arte porque nos lo demanda el corazón, nuestra misión es exponerlo dentro de los ruedos y, cuando se da cita ese arte, te juro que nadie me ha preguntado si toreo poco o mucho; ha surgido el milagro del arte, nos hemos puesto todos de acuerdo y la felicidad ha sido compartida.


La expresión artística de Urdiales no puede ser más bella

-Claro que, si se me apura, Diego, hasta barrunto que tú no estarías dispuesto a torear ochenta corridas de toros si eso pudiera darse el caso.


¡Líbreme Dios! Yo aspiro a torear un número de corridas que me hagan feliz; primero porque debo de creer en las posibilidades que un toro pueda darme a priori y, acto seguido porque no soy una máquina para dar pases. Imagina que, como se ha comprobado, jamás me ha quitado el sueño aquello de torear por torear para aparecer en lo más alto de lo que dicen las estadísticas de las que antes mencionábamos. Para nada. Yo quiero torear un número adecuado de corridas donde quede patente la dignidad del torero y, ante todo, que haya unas mínimas garantías de éxito, así se sencillo como así de hermoso.


La verónica según versión del riojano

-Qué sepamos, Diego Urdiales, eres el primer torero que tiene firmadas dos corridas de toros para la feria de San Isidro del próximo año. Cómo cambia todo, este año te negaron el pan y la sal y, tras tu apoteosis en la feria otoñal, ya tienes ese aval importantísimo para el año venidero.


No pasa nada. No hubo acuerdo con la empresa pero, ya viste, al final las cosas caen por su propio peso; yo era un torero muy apetecible para la feria de otoño, algo que la empresa entendió y enmendó lo que fue mi ausencia en mayo. Ahí entré, con toda justicia y, para mi dicha, salí como triunfador absoluto de dicha feria.

-Según muchos aficionados has entrado en lo que se llama la élite de los toreros que han marcado un hito en la plaza de Madrid en este siglo que vivimos. En ese Olimpo en el que caben muy pocos, nos encontramos con José Tomás en el 2008 cuando en dos tardes se inmortalizó para siempre; al año siguiente pudimos admirar la grandeza irrepetible de Luís Francisco Esplá en su despedida, le siguió Juan Mora en el 2010 y, para dicha de todo el mundo, tu hito en este año en que, como te digo, has quedado  inmortalizado para siempre en la plaza de Madrid. ¿Qué se siente cuando se forma parte de ese elenco irrepetible? Es decir, a sabiendas de que tú triunfo no fue un éxito al uso.

Un poco lo que antes te decía, se reviste uno de humildad que es lo que hace falta, se saborea, eso sí, la opinión de los aficionados y la crítica que, de alguna manera certifican que uno no está equivocado en su quehacer. Pero la grandeza que entraña mi profesión no es otra que, como torero, tengo la obligación de aspirar a más puesto que, si Dios quiere me queda mucho camino por recorrer y mucho tiempo para soñar en llevar a cabo muchas tardes como la que nos ha unido a todos, la de otoño que tan felices ha hecho a los aficionados.


La apoteosis final, es decir, puerta grande auténtica en Madrid

-Hablamos pocos días antes de marcharte de nuevo a México. ¿Qué te motiva volver a la plaza en que hace un par de años supiste conquistar?


La pena no fue otra que en aquella ocasión no supe rematar con la espada lo que había logrado con la muleta, algo que intentaré remediar en esta ocasión que, si te digo la verdad, acudo con una ilusión desmedida; dejé un gratísimo recuerdo entre aquellos aficionados y lo quiero volver a reeditar pero, en esta ocasión, a poco que el toro me ayude, para salir por la puerta grande del Embudo de Insurgentes.

-Muchas gracias, maestro Urdiales, te deseamos lo mejor y, como sabes, esperamos ilusionados el año venidero que, como primer regalo de reyes, éste no es otro que saberte incluido en la feria de Madrid del próximo año. Que tengas mucha suerte como torero y mucha salud como esa gran persona que eres.

Fotos: Muriel Feiner
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