Con tres cuartos de entrada se han lidiado cuatro toros de Garcigrande y dos (1º y 3º) de Domingo Hernández, de buen juego para los toreros. Juan José Padilla, oreja Morante de la Puebla, pitos El Juli, vuelta Antonio Barrera, ovación Sebastián Castella, ovación Alejandro Talavante, oreja tras aviso.  Talavante cortó la ¿última? oreja Lo más importante de cuanto sucedió ayer en el coso donostiarra de Illumbe fue que la gente acudió a los toros. Fue la respuesta popular para reivindicar un derecho, el de poder ver toros cuando a cada cual le apetezca. La afluencia a la plaza ha quedado así demostrada. En Donostia hay afición, interés por la tauromaquia y una tendencia a oponerse a las absurdas imposiciones políticas. Lo importante es que haya toros. Luego cada cual ya asistirá a la plaza el día o los días que más le plazca. Como en cualquier otro espectáculo.
La corrida de Domingo Hernández funcionó en la medida de lo esperado si bien destacaron en juego el primero y el quinto, este último en manos del Juli que tras hacerle uno de esos líos que les hace a los toros, y que se los hace igualmente todos los días, todas las ferias, con lo aburrido que eso resulta, falló con el estoque. Padilla manejó la situación y acabó cortando una oreja del que abría plaza. Morante pasó más en penas que en glorias, abucheado al abreviar en exceso la faena. Barrera vio como su toro se rompía una mano durante la lidia. Castella se puso encima del animal, es la tauromaquia de las figuras, ahogadora, y dejó al toro sin movilidad. Talavante estuvo bonito, variado y aprovechando la ocasión del último toro de la tarde. Al final de la corrida areneros, monosabios y toreros recorrieron el ruedo detrás de una pancarta de reivindicación de la fiesta. La gente aplaudió en el tendido pero nadie quiso tomar el asunto como una despedida ¿Qué dirán las fuerzas políticas? |