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25/04/2016
  (Riobamba-Ecuador) Miguel Abellán dos orejas y una el rejoneador Sebastián Peñaherrera en la última corrida de la feria “Señor del Buen Suceso 2016” (Crónica completa)
 
Firma: María Zaldumbide
 
     
 

Con muy poca asistencia, se realizó la corrida goyesca que cerró la feria Señor del Buen Suceso de Riobamba. Un reguero de ganaderías; tres del hierro de “Triana”, dos de “El Pinar” y uno de “Campobravo”, para los toreros:  Francisco Rivera Ordóñez “Paquirri”, Miguel Abellán y el nacional, Diego Gaibor “El Carmelo” y el rejoneador ecuatoriano Sebastián Peñaherrera. Triunfo de Miguel Abellán con una oreja por toro.

Francisco Rivera Ordóñez, saludo desde el tercio y palmas. Palmas y saludo desde la boca del burladero.

Miguel Abellán: oreja y oreja

Diego Gaibor “El Carmelo”: silencio y silencio

Sebastián Peñaherrera: oreja.


Miguel Abellán. Foto archivo

Con una entrada de una pobreza tal que, la Empresa estuvo a punto de suspender la corrida y, cómo para no perder la costumbre, mucho tiempo de retraso; se dio inicio a la última corrida de la feria Señor del Buen Suceso de Riobamba.

Francisco Rivera Ordóñez, (al que me cuesta un rato, llamar “Paquirri”), lidió en primer lugar un ejemplar de “El Pinar” muy lindo de estampa y entrada.  Entró con muchos pies, derrotando en tablas; las verónicas tuvieron el ritmo del toro , apresuradas.  En el caballo podríamos decir que cumplió y al salir del encuentro perdió las manos, el tranco; se le cayó la raza.

En cuanto “Paquirri” pretendía dar profundidad al muletazo bajando la mano, el toro se desplomaba por lo que necesito llevarlo siempre a media altura, desluciendo así la faena.

El toro fue noble, Francisco intentó por derecha y logró algún pasaje de valía, por naturales no tenía un solo pase, rebrincado, con las manos por delante, midiendo, cortando el viaje.

El toro no transmitía, era imposible ligarle más de dos muletazos; la faena no cala en los tendidos; tras un pinchazo hondo, tres golpes de descabello terminó con el primero de su lote, recibiendo un cariñoso saludo de palmas del respetable.

El segundo de “Paquirri”, perteneció a “Triana”; este permitió algo más en el capote, logró propinarle al menos tres bonitas verónicas.  En varas el toro cumplió, sin más.

Y una vez más, eso fue todo lo que el toro tuvo dentro.  Al iniciar la faena de muleta llegó sin codicia alguna, tardo a la hora de tomar el engaño.  Midió mucho, si se arrancaba se quedaba en la cadera de Rivera Ordóñez, soso; sin transmisión; no hubo toro, tan no hubo que, en Riobamba donde la música suena por todo; no sonó.

El toro fue pitado en el arrastre y el torero recibió un caluroso aplauso del público que saludó desde la boca del burladero.

Fue una pena que la deplorable condición de sus dos toros impidiera a “Paquirri” mostrarse ante los asistentes a la plaza Raúl Dávalos de Riobamba, su paso fue; “sin pena ni gloria”.

Miguel Abellán salió mostrando que quería llevarse la tarde, recibió al primero de su lote de “El Pinar”, prácticamente a la media vuelta de la entrada del toro; con una larga cambiada de rodillas. 

Lo toreó por verónicas muy lindas y lo llevó al caballo por delantales. 

En varas el toro recibió una puya justa, causó un tumbo y salió del encuentro con debilidad en la mano derecha.

Inició la faena con un pase cambiado por la espalda.  Logró hasta dos buenas tandas, profundas y con mando, luego; las tandas comenzaron a ser progresivamente más cortas.

Por naturales se desplazó algo más y permitió buenos muletazos que, metieron al público en la faena y eso fue todo, el toro se aplomó y costaba lograr un muletazo aislado de cuando en cuando.  Hacia el final logró un casi circular importante. 

Se adornó con un abaniqueo, un desplante y tras una estocada algo desprendida y trasera, dio fin a su primera faena que le valió una oreja y fuerte petición de la segunda. Se aplaudió al toro en el arrastre.

El segundo de Abellán perteneció al hierro de “Triana” y, lamentablemente, no hizo más que confirmar el mal momento que pasa esta ganadería.

Salió con paso cansino, sin fijarse en nada, ido; apático ante todo lo que veía a su alrededor.

Le costó fijarse en los capotes, sin embargo Miguel logró exprimirle dos bonitas verónicas, antes de que se desentendiera por completo.  Ya en varas pareció entrar con bravura al peto pero, fue un espejismo; se rajó y de ahí en más, se volvió el juego del “gato y el ratón”, con el toro huyendo y el picador persiguiéndolo por el ruedo para lograr colocar un puyazo más.

La Autoridad debió multar al varilarguero que, no respetó las líneas, correteando por todo el ruedo, dos pares de banderillas y se cambió el tercio.

Abellán lo recibió con cuatro doblones, para intentar en algo; suplir la deficiencia del tercio de varas. 

Lograba darle dos muletazos y al tercero se paraba; pronto comenzó a defenderse, a cortar el viaje y a rajarse a tablas; ahí le plantó lo poco de faena que pudo lograr con un toro evidentemente manso.  Siempre en tandas cortísimas, dos muletazos y a tiempo muerto.

Tras una estocada de gran ejecución un tanto desprendida y trasera y un golpe certero de descabello, terminó su faena; una vez más absolutamente arropado por las palmas del público que fueron en aumento hasta lograr que se premiara la faena con oreja.

El toro fue sonoramente pitado en el arrastre.

Diego Gaibor “El Carmelo”, lidió en primer lugar un animal de “Triana”, escaso de presentación y edad, que entró a paso lento, no remató una sola vez en tablas, sin codicia, sin fijeza.

Apenas si se pudo ver algo con el capote, entre la nula calidad del toro y la evidente falta de recorrido del torero, no había para más.

En varas el toro se rajó hasta cinco veces.  El público protestó sonoramente el toro desde el momento en que entró y a estas alturas el clamor por el cambio de toro era, ensordecedor;  la Autoridad se limitó a ordenar banderillas negras, lo que nos hizo temer que; no quedaran sobreros en los corrales.

En banderillas como era de esperarse en un toro de su condición se dolió.

La faena fue poco lucida, para describirla de alguna manera.  Por derecha logró muletazos espaciados, sin ligazón, sin profundidad.  Por naturales entre que el toro era más complicado, tropezándole la muleta más de una vez y el torero no se confió un segundo, pues; nada.

Una buena estocada que no bastó y dos golpes de descabello dieron fin a esta primera faena de Gaibor.

El segundo de su lote fue de “Campobravo”, “Camaleón” de 534 kilos, el más pesado y cuajado de la tarde;  un toro serio con cara de “toro, toro” que entró sin afán, cansino. No terminó de entregarse en los capotes, acudió siempre pero, con la cabeza a media altura, no fue mucho lo que se pudo ver en el capote.

En varas el toro apretó con la cabeza alta, haciendo sonar el estribo para luego dormirse en el  peto.

Logró tres doblones de clase, pero; ya en pie, se evidenció la falta de seguridad del torero, una primera tanda temerosa, con poca planta; quizá algo mejor la segunda.  El toro comenzó a perder recorrido y el torero confianza.

El toro comenzó a perder gas y transmisión mientras que, el torero ganaba desconfianza e inseguridad.  Le atropelló la muleta más de una vez y lo desarmó hasta tres.

Una vez más ejecutó bien la suerte de matar pero, nuevamente la estocada no bastó, el toro se tragaba la muerte, una agonía eterna hasta que cae un aviso y al poco el toro.  El puntillero lo levanta, el tiempo transcurre y el segundo aviso, no llega, ni el toro cae.  Por fin dobla y el puntillero necesita de al menos cuatro intentos para lograr dar fin con la agonía del toro.

Se concede la vuelta al ruedo al toro que, realmente en manos más preparadas pudo dar una faena de postín.

Sebastián Peñaherrera toreó el último de el ciclo ferial de este 2016, fue del hierro de “Triana” que, entró con muchos pies lo que permitió lucir sus cabalgaduras mientras, encelaba al toro con la grupa de su caballo, puso dos rejones de castigo, siendo de mejor colocación el segundo.

En banderillas se mostró solvente hasta el segundo par cuando el toro, comenzó a embestir en oleadas complicando la labor de Peñaherrera, que sin embargo; consiguió poner dos pares más de calidad fallando, lastimosamente con el par al violín.

En alguno de los arreones, topó al caballo y al salir de un par de banderillas el topetazo fue tan fuerte que nos temimos un percance muy serio.

La doma de sus caballos es impecable, recogen la grupa, galopan con el toro siempre prendido a sus colas.  La monta de Sebastián es firme, asentada, serena.

Hacia el final, quiso poner roseta pero, necesitó de dos entradas para logarlo.

Colocó un rejón de muerte algo caído que bastó para terminar con el único toro que le correspondió en la feria.

Se pide la oreja con pitos sonoros, la autoridad la concede y da la vuelta al ruedo al toro.

Así terminó la edición 2016 de la feria Señor del Buen Suceso de Riobamba.

 
     
   
     
   
     

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