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05/02/2018
  (Temporada Grande-México) Jaral de Peñas y Roca Rey coronaron un fin de semana de petardos
 
Firma: Jorge Eduardo
 
     
 

Treceava corrida de la Temporada Grande 2017-18 en la Monumental Plaza de toros México. En tarde agradable y ante unas 25000 personas se lidiaron ocho toros de Jaral de Peñas. El sexto fue devuelto tras despitorrarse en el peto, por lo que salió un reserva del mismo hierro. Fueron los toros bien presentados y de poco juego, mansos y descastados, pitados en el arrastre. Actuaron los siguientes matadores de toros:

Jerónimo: ovación en el tercio, y palmas.

Sebastián Castella: oreja y ovación.

Joselito Adame: palmas y división de opiniones.

Andrés Roca Rey: palmas, y pitos.

Saludaron en el tercio tras poner banderillas Rafael Viutti en el segundo de la tarde, Gustavo Campos en el sexto de la tarde, y Ángel González y Héctor Rojas en el séptimo.

Destacó en varas Sergio Molina.


Jerónimo tuvo una actuación meritoria

Ni la corrida de aniversario pudo sacar adelante a una temporada que nunca tomó vuelo, y que tuvo varios episodios desastrosos. El más grave de los problemas que se presentaron fue la torpe confección de carteles, con una acusada tendencia en favor de los toreros de las dos empresas más prominentes de la actualidad: Casa Toreros y Espectáculos Taurinos de México. Tan solo Jerónimo, un torero de calidad más que probada, y que la Plaza México tiene muchas ganas de ver, representa un aire de frescura para el panorama taurino. Oh fatal ironía: el único que rompe la monotonía y el escaso interés de la propuesta monopólica es... ¡El más veterano del cartel! Un torero tan esperado como marginado hasta los últimos meses, cuando la empresa de Pablo Moreno tomó sus poderes. Así las cosas en un medio volcado con las relaciones clientelares de sus altas cúpulas, y poco comprometido con la mejora y el engrandecimiento del espectáculo.

Una vez más, se apostó por el ganado de Jaral de Peñas, propiedad de los herederos de don Luis Barroso Barona, reconocido por sus líneas de origen Mimiahuapam y de los hierros españoles de Torrestrella y Juan Pedro Domecq. Dieciocho toros de esa vacada vinieron a México en la temporada, con un saldo pobrísimo. Tan solo dos toros dieron buen juego. En esta ocasión, la mansedumbre fue asfixiante a lo largo de tres horas y media de aburridísimo festejo. Además del segundo de la tarde, ninguno más mereció más que indiferencia o pitos durante los arrastres. Desolador panorama para una afición que mejoró la entrada en comparación con el domingo, cubriendo algo más de tres cuartos de los tendidos numerados.

Jerónimo tuvo detalles de torería tremenda en la lidia del abreplaza, un buey de yunta bautizado Maple –n. 174, 492 kg.–, manso a rabiar desde el mismo primer capotazo, que tan solo acudió con celo al hacer hilo con los banderilleros. El capitalino de nacimiento instrumentó un trasteo muy inteligente, con detalles muy toreros, y sabor antiguo, una lidia muy bonita sacando de la querencia tantas veces como fue necesario. Mató de estocada entera y saludó en el tercio. El quinto de la tarde, Ciruelo –n. 184, 518 kg.–, fue un manso de libro, con el que Jerónimo intentó quedarse en el sitio y obligarle a pasar. Desafortunadamente, la mansedumbre y la sosería de un animal mucho más preocupado por encontrar la salida que por embestir echaron todo por tierra. Petardo de lote, pero con bonos a favor de Jero, al que la gente reconoció y le insistió con un toro de regalo que no llegó.


Jerónimo tuvo una actuación meritoria

Salió mejor parado Sebastián Castella, que le estructuró una faena muy bonita al primero de su lote. Luminoso –n. 182, 485 kg.–, manso y soso, pero con el que el francés pudo acomodarse para obligarlo y ligarle los pases. Hubo momentos de completa locura en el tendido, sobre todo en el toreo en redondo por la derecha. Sin embargo los mejores muletazos de la faena fueron unos estupendos naturales tersos y templadísimos, desmayados, de estupenda factura y completa ligazón. Teníamos un buen tiempo sin ver a ese Castella templado, profundo, elegante, y desbordado. Los olés rompían a la par que los pases rematados muy abajo y detrás de la cadera. El comportamiento del toro vino a menos entre la sosería y la mansedumbre, pero el de Beziers logró mantener el interés en el tendido. Mató de una estocada muy defectuosa, trasera, caída, y tendida. El juez Jesús Morales atinó a premiar con solo una oreja.

El sexto bis de la tarde se llamó Guindoso –n. 1, 505 kg.–, sustituto del titular despitorrado al entrar en el peto. Con él, Castella estuvo voluntarioso, porfiando, e insistiendo en torear. Desafortunadamente, y para no variar, el toro, soso y manso, decía muy poquito, por lo que la faena fue más bien larga y aburrida. Mató de estocada tras pinchar y se despidió en silencio.


Castella, en figura

Lo de Joselito Adame con la afición de la Plaza México ayer fue una lástima y una completa injusticia. El ámbito empresarial en México, con su bella costumbre de hacer las cosas mal, quemó a nuestro mejor prospecto. Lo quisieron convertir en el mandón sin recorrer el camino completo, y la gente no lo toleró. Hoy le pitan aunque esté mal, medio mal, nada mal, bien, o muy bien. Una situación que más que exigencia, ayer lució como encono. El tercero de la tarde, Agua Roja –n. 13, 508 kg.–, no tuvo buenas condiciones. Joselito aburrió porfiando y le apretaron, más aún después del feo bajonazo con el que pasaportó a la res.

Bohemio –n. 155, 543 kg.–, un toro de un trapío intachable, se empleó en el recibo capotero, y vino muy a menos tras de la vara, que fue muy breve, y el quite por gaoneras, de mucha calidad y muy jaleado. Para el último tercio no le quedaba nada de recorrido al de Jaral, con el que apostó y se la jugó el hidrocálido. Quizás el lucimiento no fue el mayor posible a pesar del arrimón, pero es muy justo reconocerle al torero que lo mínimo que debe poner una figura es la entrega y el desinterés por el cuerpo mismo. Eso hizo Joselito, eso le permitió el toro, y durante la faena la gente lo reconoció, sin protestas. Incluso hubo algo de entrega de parte del público cuando el mexicano cito sin ayudado, y con la muleta tomada por el extremo opuesto del estaquillador. Mató de media estocada aguantando y un estupendo descabello. Su gran error fue jalearse de más tras de que doblara el toro, situación que la concurrencia paró en seco con una sonora silbatina. Un error de cálculo de José, que la gente le cobró muy caro, apagando una petición de oreja creciente. Salió al tercio entre una muy injusta división de opiniones.


Con Adame se llegó al exceso de no reconocer lo hecho en el ruedo

Andrés Roca Rey remató de forma desastrosa una mala temporada de cara a la Plaza México. Su toreo ha transmitido poco en la Monumental, el peruano está muy revolucionado en el ruedo de forma permanente, y sus formas por momentos son bruscas y atropelladas. Este lunes la gente le quería ver, y le exigió de un modo que no le pareció correcto a la figura. Lo destemplado de su carácter le llevó a encararse con el tendido desde la lidia del cuarto, Lírico –n. 172, 491 kg.–, con el que estuvo voluntarioso, quizás hasta el exceso dado el poco juego del burel. La gente se impacientó, le pitó, y desde entonces Roca ya no estuvo en la corrida. Mató de estoconazo y se retiró entre palmas.

Cerró plaza Poeta –n. 157, 547 kg.–, que pronto dio muestras de poco juego, a pesar del recibo por lances, y el quite por gaoneras que no acabó de prender a la afición. La plaza comenzó a vaciarse durante la lidia, y Roca Rey tras un desarme se tomó un buen tiempo para preparar una estocada muy mal ejecutada, saliéndose de la suerte. Siguió otro pinchazo y dos descabellos, suficientes para deshacerse del astado. Caían ya para entonces los silbidos y los inefables cojines, terrible costumbre de la monumental capitalina, un poco en desquite por el tedio de casi cuatro horas de festejo, pero también por mala educación y poca cultura. En todo caso, la reacción de Andrés de voltearse y mentarle la madre a la gente no tiene ninguna justificación, y la afición capitalina no tiene por qué tolerarlo ni soportarlo. Se vino entonces sí la bronca grande, enorme, que tomó tintes de enfrentamiento cuando el torero se dirigió a la puerta de cuadrillas dando casi media al ruedo, provocando a la afición irritada con él. Inmadurez y frustración, mala combinación.


Roca Rey, en malos términos con la afición capitalina

*Fotos: Luis Humberto García "Humbert". 

 
     
   
     
   
     

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