S.I.- Quizá sea una de las cosas más difíciles esa de tener que decidir. Sea en la actividad que sea comporta riesgo y responsabilidad. A los árbitros en el fútbol, quizá sea uno de los temas más juzgados por todos, las decisiones que ellos toman van a formar parte de los comentarios de miles de personas, así como afectará directamente a unos cuantos.
Hoy en Las Ventas, creemos sinceramente, hemos visto tomar una decisión justa, con todas las subjetividades que ustedes quieran. El presidente del festejo, D. Trinidad López, ha cambiado al sexto toro, devuelto a los corrales, por inválido, pero sin que mediaran caídas o derrumbes del animal. Tampoco es que cojeara visiblemente, simplemente se le veía flojo. Insólita decisión.
Claro que las pruebas se las ha brindado su potencial matador, Diego Silveti, dando órdenes a su picador para que no le hiciera ni sangre. Obediente el del castoreño, así lo ha hecho, pero ha sido tan descarado el señalo y quito el palo, ni sangre le ha salido, que ha sido la prueba inequívoca para que el policía que ocupaba el palco, dijera aquello de si no tiene fuerzas para aguantar no dos varas, ni una, este animal es un inválido para la lidia.

Devolver toros debe ser una decisión justa que restablezca el honor de los toros
Aquí aparece el concepto de inválido tal cual hay que interpretarlo. Inválido no es solo aquel que tiene problemas con las extremidades, sea animal o persona, sino que lo es también el que no es válido para cualquier cosa. Por ejemplo, yo mismo. No soy válido para correr en bicicleta con soltura y en ese caso no soy válido para correr una competición ciclista. Blanco y en botella: si no eres toro que aguantas dos varas en la plaza más importante del mundo, no eres válido para ser lidiado en dicha plaza. Por tanto, una decisión justa. No todos los días se puede decir eso de quien ocupa el palco.
Ya quisiéramos que el desarrollo de esta y de otras tardes se rigiera por decisiones justas, ya sean de la autoridad, los toreros o el mismo público, pero no es así. La autoridad es injusta cuando deja pasar un encierro terciado como el de hoy y otros días; los toreros son injustos cuando le dan docenas de mantazos a animales tullidos o descastados, sosos como borregas, hasta decir basta (hoy se ha dado un aviso sin haberse ni planteado entrar a matar) o malos pases cuando el toro los admite buenos; y el público es injusto cuando aplaude lo que no debe o tolera que le den novillo, incluso presencia de becerrote, por toro.
Todo eso es ser injusto y hacer o tomar decisiones equivocadas y que a la larga perjudican seriamente la salud de la Fiesta. Si además hay aficionados que están al sol, tanta pesadez en eso de moler a derechazos a los toros que ‘se dejan’, producen mareos y lipotimias de primer nivel. Eso de abreviar parece ser no lo conocen los toreros actuales.
Por lo demás la tarde tuvo poca historia. Castella es el que mejor ha salido en la foto de la tarde, empeño le ha puesto todo. Se lo han agradecido. El toro que le hizo segundo fue el de mejor condición para eso que llaman el toreo moderno, un carretón, iba y venía sin ofrecer problema alguno, y le hizo una faena de más a menos, donde el prólogo de los pases cambiados por la espalda empalmados con una trinchera y un recorte garboso fue lo mejor. Después con la diestra y la siniestra el toreo fue hacia las afueras y enganchado demasiadas veces. En el epílogo volvió a calentar al personal con su personalidad vertical y porque falló con el acero a la primera, ya que de haber acertado le habrían pedido la oreja con fuerza. Sale de la feria con mejor nota de la que entró.
Daniel Luque aburrió en ambos aunque él no se aburriera. Si los toros se dejan con facilidad hay que aportar algo más de lo aportado por el sevillano. Intentó el toreo de capa que buenos resultados le da de vez en cuando pero no salió la cosa bien. La sentencia fueron dos silencios clamorosos.
Confirmó Diego Silveti y a pesar de que se le esperaba en nada brilló. Opaco y sin ideas, aunque pleno de voluntad, el mexicano ha pasado por Madrid sin que su cartel haya mejorado. Ni siquiera con el capote le hemos podido ver brillar. Y es que los toros son de ficción y el toreo auténtico, de verdad, para emocionar, ha de ser con otro tipo de toros.