Ya urgía ver algo taurino digno de mencionar, porque de pronto casi todo lo que se ve parece sucio, malo, distanciado de la autenticidad que debiera tener todo lo relacionado con la tauromaquia.
Sucedió el pasado sábado en la plaza Jorge El Ranchero Aguilar de la ciudad de Tlaxcala, fue en un festival. La lluvia prácticamente no cesó desde la noche anterior al festejo, de tal forma que a las 4:00 de la tarde del sábado, día y hora de la toreada, el ruedo no estaba en las mejores condiciones.
Sin embargo, gente que había comprado su boleto ya estaba en las localidades, no llenaron la plaza, el agua los asustó. Lo “normal” en estos casos es esperar a que llegue más gente, pero el juez Edgar Hernández Xicohténcatl y su asesor Antonio Moreno, a la hora anunciada ordenaron que se partiera plaza. Un buen augurio.

José Rubén Arroyo
No fue una corrida de toros, se lidiaron cuatro novillos que no eran unos elefantes, sólo bien presentados, entendible que no tuvieran cornamentas para espantar, repito, sólo se trató de un festival, éste organizado por la Asociación de Periodistas del Estado de Tlaxcala.
Pudo haber sucedido que alguno de los participantes se negara a actuar debido a las condiciones del ruedo y que la lluvia caía insistentemente, hubiera estado en su derecho; sin embargo todos echaron pa’lante por la causa, pero creo que también por el gusto de torear.

Angelino de Arriaga
José Rubén Arroyo torea poco, muy poco y no iba a dejar pasar una oportunidad de verle la cara al toro. Angelino de Arriaga estaba en su tierra y sólo tiene ochos meses de alternativa, lo que quiere es torear.

Sebastián Palomo
El becerrista Sebastián Palono a sus 14 años, vive sólo para hacerse torero, ni modo que se rajara, a la postre fue el único que tocó pelo.
Lo del rejoneador Leonardo Zatarain, quien sería el cuarto y último de la tarde, era más serio, porque además de que caía un chubasco el piso ofrecía poca seguridad, la posibilidad de un resbalón de sus cabalgaduras era muy alta. El jinete hidalguense no se achicó, al contrario, también echó pa’lante.

Leonardo Zatarain
Se pensó que el grupo de los Forcados Teziutecos no iba a salir, pero no fue así. La camioneta que los trasladaría a la plaza se había quedado descompuesta en la carretera, sólo Dios sabe cómo llegaron a La Ranchero, batallaron para llegar al coso y no se iban a quedar en el callejón vestidos y alborotados.

Ricardo Aguilar y sus compañeros. ¡Olé por la pega!
Vaya pega que realizaron. El cabo Ricardo Aguilar citó al toro que estaba apencado en tablas, éste se arrancó y el cabo se afianzó; el novillo casi lo llevó hasta el otro tercio pero el forcado nunca se soltó, haga usted de cuenta un candidato agarrándose del dinero del presupuesto de su campaña, así de afianzado iba.
La ovación no se hizo esperar. Los espadas estaban en el burladero de matadores hechos bolita, cubriéndose del agua con un solo paraguas, al unísono aplaudieron fuerte al ejecutor de la hazaña. Poco común es que los propios toreros aplaudan.
Al final, rostros felices, la enhorabuena a los actuantes se escuchaba por todos lados, primero por su enorme afición y también porque milagrosamente no hubo percances, sólo un achuchón al becerrista.
Así, en algo que pareciera tan simple como un festival, se vivió una fiesta auténtica, porque todos los actuantes, incluyendo subalternos, demostraron valor, afición, compañerismo, entrega. En una tarde en que la prudencia aconsejaba no irse a mojar a la plaza. Más de uno de los asistentes habrá recordado aquella frase que repiten los taurinos: hay que ir a todas.
La mojada valió la pena para actuantes y público. Los toreros nos dieron un apapacho al corazón.
Fotos: Juan Ángel Sainos.