En la madre patria gritaban ¡España, España! En México se gritaba ¡es Peña, es Peña! Una letrita de diferencia que en realidad es un mundo.
Vaya que los españoles nos las ganan en casi todo, no sólo en tauromaquia. Ellos, el pasado domingo 1 de julio celebraban el triunfo de su selección de fútbol. En México celebrábamos -por decirlo de alguna forma- el casi triunfo de Peña a la presidencia de este país.
Los hispanos festejaban por una causa auténtica, válida; en cambio acá, luego de las primeras tendencias, léase resultado electoral, se aprecia un panorama de terror, porque el virtual ganador de la presidencia de México es un insulto para la mayoría de los mexicanos pensantes. ¿Cómo diablos logró que votaran por él?

Como premonición. El 4 de marzo en La México fue el peor de los tres
Alguna vez ha estado usted en la plaza México, la más grande del mundo, en esas tardes con el coso casi lleno, que se otorgan las orejas a un matador por una faena sin mérito, vistosa pero de oropel, con más trampas que autenticidad; que hace blanquear el tendido con pañuelos de los asistentes quienes, sin entender qué pasó en el ruedo, los ondean sin ton ni son, solicitando las orejas que, para colmo, el juez concede.
El sentir de los buenos aficionados es decepcionante en esos momentos, percatándose que la democracia mata el taurinismo, que las falsedades se premian porque la villameloniza ondea un pañuelo. Pañuelo que ni siquiera llevaban, que se lo dieron a la entrada de la plaza para ejercer un voto inútil pero que suma.
Esos triunfos sin valor taurino lejos de engrandecer el espectáculo taurino lo denigran.
Los aficionados que en su desconocimiento solicitan premios inmerecidos son ¡los villamelones!, asistentes poco inmiscuidos en la fiesta, ingenuos, fáciles de engañar. De su ignorancia se aprovechan los toreros marrulleros.
Un pañuelo en la plaza de toros a la hora de solicitar las orejas, equivale a un sufragio el día de las elecciones. En ambos casos se tiene voz y voto, asunto peligroso porque muchos no saben qué hacer con la importante y decisiva arma.
Como en tarde de toros de villamelones, muchos mexicanos se sintieron frustrados porque este 1 de julio muchos compatriotas, en su mayoría villamelones, sacaron sus pañuelos para que ganara un torero tramposo, de mucho ruido y pocas nueces.

Eligieron al peor. El sobres ni aparece fue de comparsa, sólo un quitecito
Desde antes de esa fecha al pueblo le fueron dando el equivalente a los pañuelos. Los que mueven los hilos en un partido político buscaron un personaje para candidato que fuera galán, agradable de presencia, entre más manejable y menos pensante, mejor. Y si además la pareja era una heroína de la tele, qué mejor, así tendrían los villamelones un dúo ideal para endiosar.
Para asegurarse del triunfo de la elección, se encargaron de engatusar a la villameloniza con despensas, promesas y con encuestas manipuladoras para los aficionados poco conocedores, cándidos ciudadanos que viven en extrema pobreza, muchos ni siquiera saben leer, fáciles presas del engaño y les dieron coba.
Los pañuelos funcionaron, resultó electo el peor para nuestro país. México perdió por la ingenuidad de los villamelones de la democracia.
Foto 1: Jaime Oaxaca