Hay un axioma muy español que dice: “Donde den mucho no te acerques” Digo todo esto porque sobran y están por demás esos regalos de El Juli con las entradas para los jóvenes; me parece una postura pueril, infantil a todas luces; es querer tapar el sol con las manos. El problema de que los tendidos muestren cemento todos los días no es otro que todo aquello que se ha sembrado durante muchos años.
No hay mejor regalo para los aficionados que todo aquello que pasó y sucedió el pasado domingo en Bilbao, por citar un ejemplo muy reciente. Allí triunfó la verdad entre ese tándem indisoluble llamado toro y torero; pero ya ven, allí no estaba El Juli. ¿Será casualidad? Es cierto que, los bolsillos de los aficionados se resienten; pero ese no es el problema; la peor desdicha es la que el aficionado ha sentenciado al espectáculo con las figuras; en cualquier ciudad española existen doce mil personas con suficiente capacidad económica para llenar la plaza; no es un problema económico, es algo institucional; algo que pasó de ser un espectáculo importante y bellísimo, a una triste parodia. Y miremos si está parodiado este espectáculo de las figuras que, hasta Padilla, con un solo ojo ha triunfado más que ninguno de ellos.
Lo que dicen regalos de verdad, este año, en España y Francia, nos los han dado Fernando Robleño, Alberto Aguilar, Diego Urdiales, Sergio Aguilar, Javier Castaño, Luís Bolívar, Uceda Leal y un grupito pequeño de toreros sin mácula alguna, sin trampa ni cartón.
Justamente, amigos, esos toreros que muchas veces caen heridos porque se enfrentan a la más absoluta verdad, la que propicia ese toro auténtico que lleva al hule a muchos diestros.
Habrán algunos lectores que, infantilmente, quizás puedan recriminarme ante lo que ha lidiado El Juli en Bilbao que, sin duda, han sido toros con fachada; toros con apariencia, pero con poco más; el toro de verdad lo trajo a Bilbao, Victorino Martín Andrés, para que tres valientes hicieran con alimañas incluidas, el toreo de verdad en una tarde irrepetible.
El toro de las figuras, aunque sea grande, casi siempre, son “hermanitas de la caridad” sin mala intención alguna; el resultado de la bondad de dichos toros no es otro que en la presente temporada, figura alguna ha sido herida. La lesión de Manzanares no se puede cuantificar porque se trató de un accidente que lo puede sufrir cualquier empleado laboral.
Yo me alegro de que no haya heridos; pero que no los haya nunca; pero no me queda más opción que sufrir al comprobar que ese toro de verdad reparte cornadas, en la misma proporción que la grandeza del éxito. Sin duda, ese es el regalo más importante que se le puede hacer al aficionado, LA VERDAD en todos los órdenes.