Son muchísimas las veces que vemos a los hombres, y mujeres, enfundados en vestidos preciosos, que realzan su figura y les proyectan como dioses a la vista de los demás. Pero los vestidos para cumplir sus sueños no los hacen ellos.
Otros hombres y mujeres se encargan de hacer realidad sus sueños de vestirse de toreros, de ahí que podamos decir que esas personas son quienes cosen sus sueños. Puntada a puntada, hilo a hilo, van uniendo todos los elementos necesarios para que el llamado vestido de luces sea una realidad.
Son varias las sastrerías que se dedican a hacer trajes de torero, aunque sean muy pocas con relación a otras actividades. La especialización, así como los costes, impiden que cualquier sastre o modista inicien la aventura de vestir a los toreros.
De los más afamados en España, hemos visitado el taller de uno de ellos. Santos, quien se iniciara a la vera del maestro Fermín; tiene su taller en la madrileña calle de O’Donell, allí da vida a la liturgia clásica de vestir a los toreros. Largo camino el suyo, que cuenta ahora con trece años desde que se montó por su cuenta, casi los mismos, quince, que estuvo en el taller de Fermín. Como tantos otros, en aquella escuela, dio sus primeros pasos hasta que sintió la necesidad de hacer realidad el sueño de firmar en los trajes de los sueños.
Visitamos su taller y mientras comprobamos el cotidiano quehacer, manos que no paran de laborar, nos cuenta cómo fueron sus duros comienzos en solitario, los toreros a los que ha vestido, larga lista en la que se pueden incluir prácticamente todos: Morante, El Juli, Perera, Rivera Ordóñez, Frascuelo, Abellán, David Mora, etc.; los ya alejados de los ruedos como César Rincón, Ortega Cano, Joselito y hasta el maestro Antoñete supo de su buen hacer. Pero Ponce, como él dice, es el que mejor viste y es su mejor cliente.
En el caso del torero de Chiva, suelen ser seis los vestidos que encarga cada temporada y siempre mantiene el mismo dibujo en los bordados. Según vamos por las distintas salas, fascinados por colores y brillos, encontramos varias taleguillas que pertenecen a un torero muy torero, Curro Díaz, y es que el invierno es muy propicio para arreglar y ajustar los vestidos a los diestros. Sin duda, una labor de sastrería más callada, pero que les permite lucirlos como nuevos en la siguiente temporada. Los arreglos permiten que las huellas de los toros queden en el recuerdo pero no sean visibles a los espectadores.
Le acompañan media docena de trabajadoras/es, así como su esposa Loli. Se puede decir que entre los ocho dan vida y cosen, con qué arte y delicadeza, un sinfín de esos sueños de los que hablábamos. Una buena parte de los triunfos de los toreros salen de su buen hacer para vestirles, son triunfadores también. Entre 3.000 y 6.000 euros queda el abanico de precios de un vestido. La crisis, comenta, también ha tocado al sector y el trabajo ha reducido personal que en otras épocas llegó a ser más elevado.
Le damos las gracias a Santos por su amabilidad para con nosotros y los lectores de OyT repartidos por todo el mundo, y les invitamos a ver las fotografías que sustentan la visita y el contenido de este reportaje.