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El pasado 7 de octubre a todos se nos encogió el corazón, al ver la brutal cornada que sufrió Juan José Padilla en la feria del Pilar. Todos nos acordamos de aquel joven torero que murió en Colmenar Viejo, de una cornada en el corazón, “El Yiyo”, que dejó a España consternada.
Pero por suerte la cornada a Padilla sólo le dejará las secuelas de la cornada, que ya es mucho. Nadie esperaba aquella tarde en la enfermería del coso zaragozano, dirigida por el Dr. Val-Carrer, que casi cinco meses después, el guerrero volvería al campo de batalla vestido del color de la esperanza, y volviese por sus fueros.
Una espera larga, que le tenía obsesionado con volver, ya que dijo bien claro que el toro no le quitaba de esto, que de irse, se iría él, y el domingo 4 de marzo, en Olivenza, dejó claro que la espera, el dolor, valió la pena. Todos vimos que el Ciclón puede con todo, fue de potencia 4, como diría Zabala de la Serna en su crónica: dio una larga de rodillas, banderilleó, no se sorprendan si una tarde se pone de hinojos en la misma puerta de chiqueros a recibir al toro.
Durante estos meses la fuerza de ánimo, apoyo, cariño, que recibió Juan José, demuestran la grandeza de este hombre, el cariño que se le confesa, y porque siempre dio la cara con una sonrisa en ella, y esa es la que queda por volver a ver en e Padilla, para que vuelva a ser el de siempre.
La salida a hombros de sus amigos y compañero demostró la grandeza del mundo del toro, la admiración hacia un ser humano, un héroe, diría yo, cosido a cornadas. Solo queda darle las gracias, su mala suerte hizo que se hablara del toreo en todo el mundo, sobre todo y puede que por primera vez en muchísimos años, ni siquiera con José Tomás debió de suceder casi, se hablara con respeto. Solo queda decirle al Ciclón de Jerez, una frase de ánimo conocida en todo el mundo, a Padilla Maravilla, solo le digo una cosa más: FUERZAPADILLA!!!!!!.
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