Y no lo digo porque a El Juli y Perera les quiten de distintas ferias, sino porque es una realidad plena y completa. Basta con mirar a un lado y a otro, todo es desolador.
Ofrecen abonos en Madrid para jóvenes, de 600 puestos a la venta, por 100 euros, solo se abonan 100. Imaginen el futuro que nos espera si en la capital de España y primera plaza del mundo ese es el empuje de su juventud por los toros.
Primera de feria en Valencia, toros de Adolfo Martín, plaza casi vacía. Igualmente en las novilladas ofrecidas. Tres cuartos para ver a los “cuarto y mitad” de toreros mediáticos. A alguien les parecerá bien, pero si el tirón a aprovechar es el de esos toreros ¿dónde va la fiesta?
Un ganadero anuncia que sus toros, los coquillas de Cifuentes, van todos al matadero y a una, los G10, los taurinos profesionales y los medios que viven de la teta, dejan que ocurra sin decir ni pío. Solo los aficionados han llenado las redes sociales de apoyo e ideas para que no suceda. No me digan que eso no es desolador. Mientras en otras especies animales, todos preocupados por que quedan pocas aves de una especie. Aquí lo único que queda son pájaros de muy mala especie.
En el tema de los toros todo es oculto, nunca sabemos las verdaderas razones para que un torero o una ganadería esté o no esté anunciada. Conclusión a la que se llega es que hacen lo que se les pone… a los empresarios. Tampoco sabemos qué piden o cuánto les pagan mientras en el fútbol es de dominio público lo que cobran todas las figuras. Lo mismo hay que aprender. Ahí si hay colas de jóvenes para entrar.
Mires por donde mires todo es desolación, duele el ver las plazas vacías mientras todos se miran el ombligo, ayudados por los medios afines. Y es que todos son una sola cosa, viven del mismo pastel. Todos miran para otro lado, inmersos como están en el mismo negocio, o ruina.
Es curiosa esta afirmación que hago. Se solidarizan entre ellos, medios afines y trincones varios, aunque el pastel cada vez sea menor. Nadie se rebela contra el guión establecido. Así les va y así le va a la fiesta.
Languidece y con ello también languidece nuestra afición. Como quienes se rebelen, que ya lo están haciendo, sean los aficionados es cuando los de los G10 se tendrán que dedicar a otra cosa. O mejor, por qué no les mandamos a todos los que tan mal manejan esto al matadero.