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La Real Academia de la Lengua define a la raza así: "cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y, cuyos caracteres diferenciales, se perpetúan por herencia". Basándonos en esta definición, se puede aplicar este concepto, para referirnos al ganado de lidia, ya que, su rasgo diferenciador, la bravura, se transmite genéticamente.
José Ignacio Velásquez Trujillo dice sobre la bravura, “que el ganado de lidia, es producto de una selección orientada a fijar el carácter de la acometividad, la cual es la expresión ostensible de la bravura para el observador”. Paños Martí, estima, la bravura, como el principal atributo con que debe contar el toro de lidia y, así mismo, a la embestida, como una manifestación de la bravura, y no, la bravura en sí, y que, las manifestaciones de la bravura (acometida y /o embestida) forzosamente han de estar influenciadas por la fuerza física del toro (poder) y por el modo de ser del toro (temperamento).
La casta del toro, “es el origen o raza de donde procede el toro de lidia; es la herencia genética que le otorga sus características esenciales, en cuando a morfología y comportamiento; y, se entiende como encaste, al conjunto de animales que pertenecen a una o varias ganaderías que comparten el mismo origen genético, y poseen unas características zootécnicas y comportamiento comunes”.
Mirando ahora el poder y el temperamento de los astados que salen a las distintas plazas del mundo taurino, ¿estaremos mirando toros de lidia con la bravura necesaria para permitir el triunfo de los toreros? O, ¿estaremos viendo a toros mansos que no permiten que, su falta de bravura trasmita a los tendidos, para que el aficionado mire de verdad, lo que puede el matador de turno?
¿Qué le está ocurriendo al toro bravo? Acaso, ¿existe una degradación de esas características de las que nos enseñan los estudiosos de la zootecnia? O, ¿será que somos los públicos quienes pedimos más de lo que la naturaleza puede darnos?
Esperemos que todo aquello que técnicamente no podemos explicarnos, por simple ignorancia en la materia, pueda tener un vuelco a lo que ocurre hoy y, podamos ver en poco tiempo, la maravillosa fiesta brava, en todo su esplendor.
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