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Javier Lorenzo  
  entrevista de Pla Ventura [ 16/11/2016 ]  
JAVIER LORENZO: "Castaño, alma de acero, es un mensaje de optimismo que invita a no rendirse jamás ante la adversidad, es el triunfo de la vida"

Castaño, Alma de Acero, es el sugerente título que ha engrosado la bibliografía taurina como muy bien nos define su autor, Javier Lorenzo, un periodista salmantino que tuvo la feliz idea de contarnos la vida de Javier Castaño, el torero que ha superado el cáncer; digamos que todo un torero que, curtido en las más duras batallas de la torería actual, el pasado año se le diagnosticó un cáncer, otra prueba más para que Castaño certificara su grandeza, en este caso como ser humano puesto que, su enfermedad, como pudimos saber, la llevó con callada resignación, hasta el punto de que todos nos enteramos de la misma una vez que se había curado.

Es cierto que, la enfermedad que sufriera Castaño, paradojas del destino, fue el detonante que animó a Javier Lorenzo para contar la vida de Javier Castaño. No hay mal que por bien no venga, reza uno de nuestros aforismos y es muy cierto; este hecho citado es la prueba de lo que digo. Lorenzo ha inmortalizado a Castaño para, como decía, engrosar las listas de la literatura taurina, algo muy celebrado entre los aficionados que nos sentimos dichosos ante este logro literario que, como se presupone, nos hará conocer en profundidad a ese torero recio y castellano llamado Javier Castaño, curtido siempre en las más duras batallas del toreo.


Javier Lorenzo en la presentación de su libro, ALMA DE ACERO

-Alma de acero es el sugerente título con el que bautiza usted su libro en honor a Javier Castaño. ¿Cómo nació esa idea hermosa?

Todo surgió a raíz de la tarde de Sevilla en la que Javier Castaño reapareció en los ruedos el 17 de abril, sólo 19 días después de que le comunicaran que había vencido un cáncer diagnosticado a principios del mes de enero. Desde que Javier anunció la noticia, y dijo que estaba curado, tuve la suerte de convivir con él gran parte de los entrenamientos y tentaderos en el campo con los que, a marchas forzadas, trató de ponerse a punto para la tarde de Sevilla en la que se iba a encontrar nada menos que con una de Miura. Sevilla era el escenario y Miura la ganadería con la que reaparecía tras cuatro meses sin poder entrenar y luchando en silencio contra el cáncer –él jamás dijo nada de su enfermedad hasta que le comunicaron que estaba curado–, con la operación que ello conlleva y con las posteriores y terribles sesiones de quimioterapia. Sabedores del gesto heroico, y con la sensibilidad a flor de piel, tras el paseíllo de aquella tarde en Sevilla, la afición se puso en pie para tributarle la ovación más hermosa que jamás sentí y viví en una plaza de toros. A esos atronadores aplausos se unieron, desde el ruedo, todos los toreros que actuaban esa tarde, Javier salió al tercio a recoger la ovación, se quitó la montera y quedó con la cabeza al descubierto, sin pelo, con la plaza en pie rendida a un gesto histórico. La imagen fue impactante. La hazaña de estar allí, más. Ese día salí convencido de la plaza de que esta historia había que contarla. Y ahí nació “Castaño, alma de acero”.   
 


Lorenzo y Castaño, escuchan la sabia palabra de El Viti

-¿Qué le motivó a usted más a la hora de escribir el libro de este diestro, su apasionada vida como torero o su tremenda lección por aquello de haber vencido al cáncer?

Ambas vertientes van unidas, porque la carrera y la vida de Javier Castaño han sido siempre un ejemplo de superación desde que, siendo un niño, inició la aventura de ser torero. Y cuando uso la palabra aventura, lo hago con conocimiento de causa y así se refleja en el libro en el capítulo de los inicios, que es uno de los más llamativos y de los que más están gustando. Javier llegó a Salamanca con apenas 14 años (sus padres y hermanos se quedaron en Cistierna, León) y sin ningún medio para ser torero, tanto que se las tenía que ingeniar como podía para ir a la Escuela taurina todos los días desde Topas, el pueblo en el que vivía junto a su abuela. Así tenía que recorrer los casi 30 kilómetros que separaban de la capital. 30 de ida y otros tanto de vuelta de manera diaria, muchos a pie, otros haciendo auto stop, como podía, cada día de una manera diferente y siempre con alguna sorpresa. Un recorrido que al final iba a ser poco para todas las aventuras de tendría que superar para llegar a los tentaderos donde actuaba de tapia (así se llama a agotar los últimos muletazos de una vaca en una tienta una vez que ha terminado de torear ya el torero invitado), esa era la manera que tenían los toreros de antiguos para comenzar a torear, antes de que le invitaran los ganaderos. Y tanto para la Escuela como para los tentaderos, el único medio era salir a la carrera, comenzar a andar, hacer auto stop y esperar a que parara algún coche que le llevara. Eso que hoy parece una locura lo hacía un niño con apenas 14 años que tenía la ilusión y el sueño de ser torero. Lo dicho, un ejemplo de sacrificio, entrega y pasión por el toreo; un ejemplo de superación como el que ha demostrado en su lucha contra el cáncer. Tres meses de invierno de batalla intensa y casi titánica; en silencio, sin alzar la voz, sin vender ni una pena… Una lucha callada en la que jamás se dio por vencido. Por eso, la vida de Javier Castaño, en la plaza y fuera, es un ejemplo de superación total y absoluta. Ambas van unidas. Es un espejo en el que mirarse, a los que quieren ser toreros y también a quien sufre esa maldita enfermedad, una motivación más para demostrar que, hay veces, en las que se puede vencer al implacable cáncer.


Javier Lorenzo firmando ejemplares

-Digamos que, Castaño ha tenido una trayectoria dignísima en el mundo de los toros pero, ¿en qué cree usted que ha podido cambiar este diestro tras haber superado su enfermedad?

Indudablemente, esa respuesta se la podría dar mejor el torero que yo. Imagino que tras pasar un trance así se tiene que ver la vida de otra manera. Él siempre ha dicho que el miedo del toro es un miedo controlable por decirlo de alguna manera, el de la enfermedad no. E imagino que ahora saborea todo mucho más cada pasaje de su vida, en la plaza y en la calle.
 

-Si le soy sincero, amigo, yo diría que ese libro puede ser un libro de autoayuda para muchas personas en idéntica situación que el diestro salmantino. ¿Lo han creído ustedes así?

Por supuesto, Javier siempre ha dicho que la mente juega un papel fundamental en esta enfermedad. Castaño es un referente de una persona que ha sufrido una enfermedad terrible, que muchas veces no da opción ni tregua, y que la ha vencido y ha salido adelante. Como ya le dije antes es un ejemplo, es una motivación. Demuestra que hay veces en las que se puede salir adelante. “Castaño, alma de acero” es el relato del sueño de un torero pero también y al mismo tiempo es el relato del triunfo de la vida. Si hay una sola persona que se aferra al caso de Javier Castaño y le sirve de motivación y esperanza, ya lo damos por bien empleado este “Alma de acero”. Sería el mejor halago que nos pudieran decir y la mejor recompensa que podríamos tener.

-Usted que vivió muy de cerca la reaparición de Castaño en Sevilla con aquella miurada y, ante todo, habiéndose repuesto de su cruel enfermedad, ¿qué sensación tuvo usted junto al diestro ante aquel reto importantísimo que llevó a cabo?

Sinceramente, en aquellos tentaderos casi a marchas forzadas, en busca del mejor punto para llegar a la cita de Sevilla, algunos días te surgían las dudas; incluso al propio torero que después así lo ha reconocido. Pero la fuerza de voluntad, la ambición, el no rendirse y el aferrarse a la ilusión de torear en Sevilla fue tremendo. Javier lejos de transmitir inseguridad y dudas fue todo lo contrario, en apariencia jamás perdió los nervios, transmitía calma y seguridad en sí mismo; y lo hacía a quien estaba a su alrededor. Imagino que por dentro él sería un volcán de sensaciones… Desde fuera lógicamente, a cualquier persona de la calle, le parecería una locura. En cierto modo lo era, pero conociendo a los toreros y a Javier en concreto, estoy convencido que esa tremenda locura fue su particular manera de aferrarse a la vida. Puede parecer un contrasentido, te aferras a la vida para jugártela de nuevo en el ruedo delante de un toro. Así son los toreros, puede que los últimos héroes que quedan en nuestra sociedad, injustamente reconocidos y poco valorados, como el toreo en sí, que es una escuela de valores, que no tiene ninguna otra profesión hoy día. La tarde de Sevilla en sí, fue una demostración de gran parte de esos valores: La superación, la entrega, el sacrificio, la dedicación, el respeto, la educación…  
 
-En realidad, señor Lorenzo, ¿qué le motivó tanto para escribir el libro, la trayectoria de Javier o su enfermedad?

Repito, ambas. Aunque es cierto que el hecho de superar la enfermedad primero y no sólo volver a los ruedos otra vez, sino hacerlo tan pronto y de la manera que lo hizo es un hito que debía de ser contado, de la misma manera que tenía que haber sido reconocido por el toreo de una mera más intensa a como se ha hecho. Creo que el toreo ha sido injusto este año con Javier Castaño. Este tipo de gestos tienen que tener otra recompensa. Más recompensa, al fin y al cabo.  Mire, este año en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro saltó la noticia en todos los medios, en los periódicos, en los informativos de televisión, de radio… que un atleta belga, Thomas Van der Plaetsen, llegaba a la cita de Río después de haber superado también un cáncer de testículos. Jamás se rindió ni tiró la toalla, volvió a competir y, tras saber que estaba curado, un año y medio después consiguió llegar a los Juegos de Río. Sin duda, un ejemplo admirable, otro ejemplo de superación. Javier Castaño también lo superó pero reapareció en un escenario de máxima exigencia, como es La Maestranza y la feria de Abril de Sevilla y ante una corrida de Miura, que es lo máximo, para jugarse la vida delante de un toro no un año y medio después, sino sólo 19 días después. Salvo en los medios taurinos, y tampoco con la trascendencia que merecía el caso en cuestión, el resto apenas se hizo eco de un caso inédito en la historia del toreo. No quiero desmerecer el caso del Van der Plaetsen, que también merece toda mi admiración, pero sí poner de manifiesto el valor del caso de Castaño y que apenas tuvo la repercusión mediática que merecía. En los medios y también en el toreo.
 


Un trío de ases: El Viti, Castaño y Lorenzo

-Ciertamente, ALMA DE ACERO es un libro taurino. Siendo así, ¿cómo ha hilvanado usted el libro para que éste sea como algunos han dicho, un libro que puede ayudar anímicamente a muchas personas?

Enfocándolo por el ejemplo de superación que ya le he comentado antes. Superación primero para ser torero, con todo el esfuerzo, la entrega y la dedicación que necesita esta profesión, que requiere un grado de madurez brutal siendo aún un niño; y superación también para no rendirse a la adversidad cuando te llega una noticia terrible como es la enfermedad del cáncer. En el libro primero se trata la gesta y la hazaña de Sevilla de este año, la preparación y el festejo de ese día, como punto de partida de toda la historia; y luego comienza un repaso por toda la carrera de Javier Castaño desde sus inicios hasta el final de temporada de 2015, con sus triunfos, sus fracasos, sus subidas y sus bajadas en el toreo, en esa montaña rusa que ha sido toda su carrera, en la que jamás desfalleció, en la que siempre creyó en sus posibilidades y en la que jamás se dio por rendido ni vencido. Y de ahí, se llega al último capítulo en el que se relata y narra la llegada del cáncer a su vida, con la que hizo, sin duda, su mejor faena. Ahí se pone de manifiesto el triunfo de la vida y se lanza ese mensaje de optimismo que invita a no rendirse jamás. Es donde se busca lanzar esa fuerza, ese ánimo que invite a no darse por vencido.
 
-Artísticamente, ¿qué cree usted que le queda por decir a Javier Castaño?

La historia de los toreros jamás se pueden dar por concluidas. El mañana no está escrito en el toreo y quien hoy está hundido mañana se pone en figura, y quien hoy es figura, mañana puede estar en el olvido. Casos en toreo hay infinidad, el del propio Castaño es uno de ellos. Tras salir lanzado como novillero, tomar una alternativa de lujo y entrar de lleno en todas las ferias con los mejores carteles, terminó desencadenando años después a un descenso a los infiernos en el que el olvido fue absoluto. Ahí estuvo casi una decena de años sin que nadie, más que él, creyera en sí mismo. Logró reinventarse, madurar, crecer incluso sin torear apenas, hasta que llegó a Francia y esa tarde de Zaragoza que le puso de nuevo a funcionar en todas las ferias. Estoy convencido que Javier aún no ha dicho su última palabra y quiero pensar que el esfuerzo y la gesta de este año de vencer al cáncer y volver a salir al ruedo de la manera que lo hizo debe tener recompensa. El destino, su mérito, su esfuerzo y su sacrificio, le debe tener guardado algo bueno, seguro. Sin duda.
 
-Usted, en su día, escribió un libro sobre El Viti. ¿Puede haber algún paralelismo entre aquel libro y este de Javier Castaño?

Creo que no. Son dos libros diferentes. Dos historias y dos personajes totalmente distintos, eso sí unidos por la pasión por el toreo. Y unidos también por la pasión que Javier Castaño tiene por Santiago Martín ‘El Viti’ y por la tremenda admiración que el maestro tiene por Javier Castaño. Pero son dos historias distintas, complementarias, alejadas y cercanas al mismo tiempo, por muchas cosas, pero que nada tienen que ver entre sí.
 
-Usted es periodista y ensayista, amén de crítico taurino. ¿Cree usted que dicho diestro ocupa en el escalafón el lugar que le corresponde?

El toreo hoy día atraviesa una situación delicada en la que los triunfos y los gestos no tienen la relevancia y la recompensa que debieran. Por ello y por lo que ya le comenté antes, creo que en el caso de Javier Castaño debería haber sido reconocido de otra manera, como también ha sucedido este año  con Fortes o David Mora quienes, tras caer heridos, han protagonizado gestas heroicas para volver a los ruedos y el propio sistema del toreo no les han valorado como merecían. Ellos son tres casos concretos, habría muchos más.
 
-Hace muy pocas fechas, cuando usted presentó el libro en unión de Castaño, ¿qué le dijo Javier al ver a esa criatura de papel entre sus manos?

Él se mostró sorprendido cuando le plantee la idea de escribir el libro, creo que no se lo esperaba, fue sólo dos días después de la tarde de Sevilla la pasada primavera. Luego ha sido un trabajo intenso pero muy satisfactorio para mí personalmente, que me ha dado muchas alegrías y del que estoy muy contento. Además, le estaré eternamente agradecido a Javier por cómo se ha portado conmigo para llevar adelante lo que para mí ha sido un sueño. Tras su sorpresa inicial, él se volcó directa e intensamente con el proyecto y me lo puso todo en bandeja para hacer mi trabajo. Para mí ha sido un orgullo poder escribir este libro y contar la carrera taurina y el triunfo de la vida de un torero al que siempre le tuve y le tendré una admiración especial.  El día que le comenté a Javier el proyecto me dijo: “Si con este libro puedo ayudar y convencer a una sola persona que conserve el optimismo en una situación como la mía, adelante y bienvenido sea”. Esa misma respuesta se la escuché meses después al atleta belga del que le hablé antes. Si lo conseguimos, aunque sólo sea de una persona, será nuestro mayor triunfo.

-Amigo Javier Lorenzo, añada usted todo lo que considere oportuno.

Muchas gracias por sus atenciones, por el apoyo que me brindan para la divulgación de mi obra y, ante todo, para que le rindamos gratitud a Javier Castaño, un hombre que nos ha dado una soberana lección, algo que hacía a diario en los ruedos pero que, debido a ese duro lance del destino, una vez más nos descubrimos ante él.
 
Un fuerte abrazo. 

Fotos: Ángel Almeida

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